• MARTES 17
  • de marzo de 2026

Central

FOTOGRAFIA
josé abelardo quiñones

El héroe distinto

1 El héroe sonríe. Es raro ver a un héroe halagüeño. Los rostros adustos abundan en las páginas de los libros de Historia. Sus retratos son avaros en sonrisas, pero prolijos en sus deberes patrios. 

El piloto de guerra José Abelardo Quiñones (1914-1941) es la excepción: es el héroe nacional cuya iconografía puede actualizarse constantemente, porque la Fuerza Aérea del Perú calcula que entre esta institución y su familia poseen al menos 400 fotografías de él.

Quiñones nació un día como hoy en Pimentel (provincia de Chiclayo, región Lambayeque). Si en el siglo XIX solo se hacían fotografías en los estudios y la técnica fotográfica necesitaba más tiempo de exposición, había que pensar mucho la pose para la posteridad; en el siglo pasado, la fotografía tuvo una gran revolución: las cámaras fotográficas se achicaron y se democratizó la accesibilidad a la imagen fotográfica. Por ello, resultan más espontáneas.

Comprendió Quiñones que su labor como militar no tenía que estar reñida con reírse, con la buena camaradería con sus cadetes de la Escuela Central de Aviación Jorge Chávez.

2 El Quiñones que se inmolaría en nombre de la patria aparece acá haciendo piruetas sobre el caballo. El profesor de equitación mira serio al cadete, pero le permitía asumir esos retos porque Quiñones hacía las bromas, era quien llevaba la chacota del grupo, pero también era el mejor al momento de trabajar y el más ágil. Sus compañeros aprovechan para posar para las cámaras.

Quiñones mantuvo las más altas calificaciones en su especialidad de piloto de caza y se recibió de alférez, en 1939, con la medalla de “ala de oro”.

Hay imágenes que muestran al futuro héroe en la carretera al norte chico, haciendo piruetas con su automóvil, en sus ratos libres, cuando pertenecía al Escuadrón N° 4, en Ancón, y después en los otros lugares donde sirvió: la base de Las Palmas y en el hoy denominado Grupo Aéreo N° 6 de Chiclayo.

En las fotografías de trabajo, aparece en varias ocasiones Hawk (halcón en inglés), su mascota. Se dice que Quiñones lo subía a su avión, y podría tratarse de uno de los primeros caninos que en América Latina volaban, acumulaban horas en el cielo.

Quiñones tuvo una novia a quien juró que se casaría si volvía de la guerra. Debió tener algún presentimiento porque no aceptó desposarla antes de partir cuando estalló el conflicto con el Ecuador (1941) y le ordenaron ir al frente con el XXI Escuadrón de Caza del Agrupamiento Aéreo del Norte. Encontraría la muerte en Quebrada Seca, cuando se inmoló al dirigir su nave a las baterías enemigas.

Se cuenta que Consuelo, su novia, esperó muchos años antes de desposarse. Participaba de las ceremonias en homenaje al héroe vestida de negro, con el rostro cubierto por una mantilla y apartada. Los militares sabían quién era y guardaban respeto.