Opinión
Marco Antonio Ramírez
Presidente de Ashanti Perú Red Peruana de Jóvenes Afrodescendientes
La selección peruana de fútbol nos regresó la alegría de volver a un mundial después de 36 años. Durante las eliminatorias sudamericanas y en Rusia, no era necesario ser una persona muy observadora para notar que el equipo nacional estaba formado por una mayoría de jugadores llamados “negros”. André Carrillo, Jefferson Farfán, Luis Advíncula, Christian Ramos, Pedro Gallese, Carlos Cáceda y el mismo Paolo Guerrero son algunas de las más destacadas figuras que componen el seleccionado nacional, todos ellos afroperuanos.
Si bien es cierto que la población afroperuana tradicionalmente se ha destacado en el fútbol, no es menos cierta la ausencia de personas afroperuanas en otras esferas de la sociedad, como rectores de universidades, gerentes de reconocidas empresas y bancos, altos mandos en las Fuerzas Armadas, decanos de colegios profesionales, entre otros espacios altamente calificados y de toma de decisiones.
No obstante que se calcula que la población afroperuana sumaría alrededor de 6.19% del total de la población nacional (Enaho, 2017), la cosa también suele ser “clara” cuando miramos la falta de personas afrodescendientes en puestos como el de los ministros, así como legisladores, alcaldes, gobernadores regionales, consejeros y regidores. Esta situación no es más que un reflejo de una total exclusión de la población afrodescendiente de los cargos públicos y del poder, pero sobre todo una evidencia de que el racismo y la discriminación estructural son una cruda y a veces invisible realidad, una situación de la que muy pocos desean hacerse cargo.
La baja representación política afroperuana impide que sean las y los representantes de este pueblo los que logren aportar a las soluciones de los actuales problemas públicos del país, pero, sobre todo, que sean ellos quienes lideren sus propias demandas históricas y, de esa manera, resuelvan sus necesidades particulares en materia de educación, salud, trabajo y vivienda para el ejercicio y goce de sus derechos en condiciones de igualdad.
Cada junio, Mes de la Cultura Afroperuana, es una oportunidad para reconocer el aporte del pueblo afroperuano a la construcción de la identidad nacional, la gastronomía, la danza, la música y la religiosidad en el país. En este contexto, se vuelve cada vez más urgente repensar la democracia nacional y la importancia de reflejar la diversidad étnica del Perú en todos los cargos de toma de decisiones en el Estado.
La promoción de la participación y representación de las personas afroperuanas en la política nacional podría ser un paso fundamental para reparar por los injustos cuatro siglos de esclavización de esta población y las secuelas del racismo, la discriminación y la desigualdad de las personas afroperuanas frente al resto de la población. Una deuda nacional y un partido pendiente que el Perú también debería ganar.