Opinión
Rolando Donayre Rios
Periodista
A diferencia de lo que ocurre en el Perú con los venezolanos, los israelitas eran mucho más celosos en cuanto a la aceptación de personas ajenas a su sangre, cultura y religión. Ellos se consideraban el pueblo elegido de Dios y, por lo tanto, su contacto con otras naciones era muy limitado. En la mente de los judíos estaba muy clara la separación con los extranjeros. Para ellos, solo había una clasificación: los judíos y los gentiles. Nada más.
Dios les había dicho que no quería que compartieran el mismo destino que los pueblos paganos ubicados en la tierra prometida y que pronto iban a conquistar, pues sus conductas ofendían su santidad y justicia.
El profeta Moisés les comunicó lo que pensaba y disponía Jehová respecto a cuatro tipos de poblaciones vulnerables que eran de su más especial interés: los levitas (sacerdotes del templo que no heredaron la tierra), los huérfanos, las viudas y los extranjeros.
En el libro de Levítico (19:33-34) del Antiguo Testamento, Dios dispuso una regla a seguir por todos los israelitas, que es realmente reveladora para nosotros, pues hoy por hoy estamos recibiendo a miles de venezolanos en nuestro territorio: “Cuando algún extranjero se establezca en el país de ustedes, no lo traten mal. Al contrario, trátenlo como si fuera uno de ustedes. Ámenlo como a ustedes mismos porque también ustedes fueron extranjeros en Egipto”.
Si seguimos buscando, hallaremos más textos en la Biblia que dan cuenta del interés de Dios por las personas vulnerables. En ellos apreciamos el cuidado por su alimentación (permitirle recoger alimento de los campos judíos), su situación legal (esclavitud), no abusar de su condición de desprotección.
“Porque el Señor tu Dios es Dios de dioses y Señor de señores; él es el gran Dios, poderoso y terrible, que no actúa con parcialidad ni acepta sobornos. Él defiende la causa del huérfano y de la viuda, y muestra su amor por el extranjero, proveyéndole ropa y alimentos” (libro de Deuteronomio 10:17-19).
Sirvan estos versículos para considerarlos al momento de relacionarnos con los mal llamados ‘venecos’ y que son el motivo de un injusto rechazo que hoy es aprovechado por diferentes actores sociales para fines egoístas.
Dios ama al extranjero; ama a los venezolanos, colombianos, ecuatorianos y, por supuesto, a nosotros, los peruanos, que, en nuestro himno, proclamamos renovar nuestros votos al Dios de Jacob. Es hora de abrir la Biblia y dejarnos iluminar por sus líneas. De esa manera, podremos ser parte de su pueblo escogido mediante la fe en Jesucristo, quien también fue extranjero entre nosotros.