Editorial
Hace unos días, con motivo del aniversario de la Biblioteca Nacional del Perú (BNP), publicamos una entrevista a su directora en este diario. La funcionaria, María Emma Mannarelli, resaltó que su institución cumple tres funciones capitales. Por un lado, la patrimonial. Eso quiere decir el cuidado de todo lo publicado en el Perú y de los libros sobre el país editados en el exterior, más los incunables de la Nación. Otra es la de biblioteca pública de Lima y zonas periféricas. Una última es la de ente rector de las bibliotecas públicas en todo el territorio nacional.
Mannarelli sostiene que el reto más acuciante es generar en la población la necesidad de leer. Las estadísticas que se publican cada cierto tiempo al respecto señalan que en el Perú las personas leen en promedio un libro al año o menos.
Curiosamente, según estudios recientes, la India y la China, dos economías en constante expansión, figuran entre los tres países cuyos ciudadanos dedican más tiempo a la lectura –más de 10 horas semanales– junto con Tailandia. Este dato nos demuestra lo importante que es la educación para el progreso.
Se dice que un pueblo que lee es un pueblo al que es más difícil engañar. La lectura genera muchas habilidades y virtudes, como un espíritu crítico y una visión más amplia del mundo. De ninguna manera el conocimiento es perjudicial.
Es loable la labor de la Biblioteca Nacional. En su afán de acercar a mayor público a los libros ofrece servicios como la conversión de obras a la escritura braille, un beneficio primordial para los invidentes con afán de estudio. Esa población tiene la oportunidad, gracias a esta iniciativa, de aprender igual que las personas sin problemas de visión.
Nuestra Biblioteca Nacional nació en paralelo con la independencia del Perú. Nuestra memoria está allí. La institución ha sido dirigida por Ricardo Palma, Manuel González Prada, Jorge Basadre y otros renombrados intelectuales.
Ahora que nos acercamos al bicentenario de nuestra independencia es un buen momento para reflexionar sobre la importancia de la Biblioteca Nacional. Recordemos que los libros perdidos durante la Guerra del Pacífico –recuperados hace pocos años– generaron encendidas pasiones en el Perú hasta que el caso fue resuelto.
La desaparición de un libro es la pérdida de un saber particular. Si no existiese esta institución –la Biblioteca Nacional–, los que no tienen recursos para comprar ejemplares afrontarían un grave problema. Obtener un carné de la Biblioteca Nacional es una forma efectiva de acortar las distancias entre clases sociales y de democratizar la cultura.
Hagamos votos para que cuando se celebre el Bicentenario de la Independencia del Perú se lea más que ahora y que la Biblioteca Nacional sea una institución viva y clave para la formación intelectual del país.