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José VadilloVila
jvadillo@editoraperu.com.pe
Hombre de genio y verbo con punzón. Decía, por ejemplo, que necesitaba al Perú y, acto seguido, fabricaba una frase perfecta: “Yo nací exiliado”.
Tal vez lo odiaron algunos con esa sed que se aborrece a un hombre exitoso. Así de triste a veces resulta la peruanidad. Sus festivales del libro popular, a inicios de los sesenta, le dieron fama y dinero en el Perú, Colombia, Cuba y Venezuela. También su saga, la más traducida en la historia literaria del Perú. Su fama lo equiparaba a los grandes de la literatura hispanoamericana. Y no hay exageración.
Escribió el crítico literario Estuardo Nuñez: “El novelista se erguía desafiante frente a alguna crítica regateadora que quiso excluirlo del ‘boom’ de los consagrados”.
Hombre-récord
El historiador Juan José Vega, quien lo conoció, lo resumió en un párrafo: “Conspirador temible entre campesinos, periodista incisivo, perseguido político, candidato parlamentario, doce veces millonario, ácido polemista, conversador entretenido, innumerables veces en la miseria, expositor brillante, cadete militar, el mayor editor de América con sus Populibros, enemigo de muchos, amante de las buenas cosas de la vida pero dispuesto a defenderlas para todos los seres humanos, izquierdista enfebrecido, preso de dictaduras, exiliado por años de su patria, y trotamundos de Europa […] Fue un hombre-récord hasta en bellas mujeres…”.
Scorza nació en 1928 en la Maternidad de Lima (sus padres se conocieron trabajando en el hospital Larco Herrera; él, obrero cajamarquino; ella, huancavelicana). Se crió en Acoria (Huancavelica) y luego en La Victoria. Conocí Allpas, una comunidad en las afueras de Acobamba, donde se dice que también vivió Scorza en una casa de la que queda solo un esqueleto de ladrillos, al pie del cerro Mukucho. Y en Acobamba, un hospedaje de la avenida San Martín reemplaza a la panadería que puso el padre.
Poeta, narrador
Como poeta y ensayista, en México empezó a ganar reconocimiento. Juan Gonzalo Rose consideraba que su poemario Las Imprecaciones (1955) era “un libro trascendental de la literatura peruana contemporánea”. Un libro escrito “desde la orilla de la derrota, sí; pero iluminado por el fulgor de la protesta”.
El Scorza narrador se fajó un compromiso inquebrantable con el neoindigenismo, la crítica lo etiquetó como el sucedáneo natural de Ciro Alegría y José María Arguedas, muletilla que no le (des)agradaba del todo.
Apuntemos, por deformación profesional, que para crear Redoble por Rancas (1970), Scorza se encerró en París por un año y utilizó las técnicas del periodismo. Se valió de las grabaciones magnetofónicas, de fotografías; acudió a los recortes periodísticos y la autobiografía Complot (1964) del líder de izquierda, Genero Ledesma.
Redoble... le dio renombre internacional y fue también su triunfo político porque, al año siguiente de la publicación, el gobierno del general Juan Velasco liberó al comunero Héctor Chacón, quien inspira al personaje principal.
Editor, político
Con Manuel Mujica como mecenas del Patronato del Libro Peruano, Scorza hizo realidad sus Populibros Peruanos para llevar el libro sin intermediarios a los lectores. Una democratización del libro. La prehistoria del Plan Lector.
“Yo arriesgué publicando centenares de miles de libros en un país donde se decía que al pueblo no le interesaban los libros. Y es que entonces yo creía, y sigo creyendo, que un proyecto editorial debe tener un objetivo social”, dijo en una larga entrevista a Goyo Martínez y Roland Forgues.
Sesenta y cuatro libros y un millón de ejemplares editó Scorza entre 1963 y 1965 en la colección. Entre los autores estaban los clásicos peruanos (Mariátegui, Vallejo, González Prada), los latinoamericanos (Martí, Asturias), los universales (Shakespeare, Poe, Sartre) y los contemporáneos (Alegría, Arguedas, Salazar Bondy, Vargas Llosa, Loayza, Congrains).
Como político, fue del Apra desde sus años en el colegio militar Leoncio Prado, pero cuando volvió de un exilio de siete años por México (cortesía del dictador Manuel Odría), dejó al partido. “No podía entender que se podía pactar con quien nos había perseguido y matado mil veces”, explicó.
Luego fundó Acción Social de Izquierda, que apoyó la candidatura de Belaunde Terry. “Se trataba de un peruano sensible a las reclamaciones populares, en especial a las de los campesinos”, dijo el presidente Belaunde cuando se enteró que falleció la madrugada del 28 de noviembre de 1983. El Boing 747 de Avianca en el que viajaba se estrelló en el aeropuerto de Barajas. Fallecieron 178.
Los comuneros de Cerro de Pasco, protagonistas de su famosa saga, fueron hasta el cementerio El Ángel para abrazar su espíritu: “Te recordamos desde la vez que llegaste hasta nosotros para poner tus energías y tu poesía al servicio de nuestra lucha”. Porque Scorza estuvo al lado de ellos cuando exigían la recuperación de sus tierras en los años sesenta.
Dejó pendientes muchos proyectos editoriales. Así no vale la pena hacerse eterno. Me voy a las batallas/ Luchar es más hermoso que cantar.