Opinión
Julio Panduro Chamorro
Periodista y politólogo
Como parte de ese rol, la nación china ha diversificado de tal manera las inversiones que su presencia en los cinco continentes es innegable y cada vez más creciente. Entre los grandes proyectos que revelan esa capacidad económica tenemos tres iniciativas que convierten a la China actual como el gran banquero del orbe.
En primer lugar, figura el Banco Asiático de Inversión en Infraestructura, nacido en Beijing en 2016 e integrado por 87 países. Su principal objetivo es financiar esquemas que beneficien a países en vías de desarrollo con la construcción o mejora de asentamientos urbanos, gasoductos, hidroeléctricas, carreteras, líneas férreas, entre otros.
La fundación de esta entidad es considerada una abierta contraposición al Banco Asiático de Desarrollo –liderado por Japón– y al Banco Mundial porque su meta es impulsar el desarrollo económico y social en todas las latitudes, invirtiendo en infraestructuras sostenibles y otros sectores productivos. Por el momento, sus inversiones son mucho menores que las de instituciones similares, pero superarlas parece ser una cuestión de tiempo.
En segundo lugar, se encuentra el Nuevo Banco de Desarrollo, constituido en julio de 2014 por Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica (BRICS) para ser una alternativa al Banco Mundial y al Fondo Monetario Internacional. De ser un grupo de socios que se reunían eventualmente, hoy se han convertido en actores de importancia en todas las plataformas internacionales.
Finalmente, China lanzó en 2014 la ambiciosa iniciativa de La Franja y La Ruta, un proyecto que pretende repetir la milenaria Ruta de la Seda para transportar materias primas y productos manufacturados entre Oriente y Occidente, como antaño intercambiaron diversos imperios en Asia, Europa y África, logrando desarrollo por esa dinámica comercial.
Para solventar tamaña propuesta, China ha establecido el Fondo de la Ruta de la Seda y asumió parte de la inversión que facilitaría las conexiones con Asia y con el resto del mundo porque la ruta utilizará vías de comunicación continentales y la diversidad de vías marítimas.
El beneficio previsto por los países participantes ha propiciado el establecimiento de relaciones estratégicas con China, fortaleciendo su posición en el concierto de naciones.