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José VadilloVila
jvadillo@editoraperu.com.pe
Si el dios de los cristianos tomó la costilla del barbado y bárbaro Adán y creó a Eva, Enrique Delgado Montes juntó guitarra, timbales y bajo para erigir a una fenomenal hembra con ritmo y sabor peruano: ‘Elsa’.
Los Destellos grabaron ‘Elsa’ en 1970. Un año antes, Delgado (1939-1996), que tenía un gran olfato de productor musical, había enrolado en las filas del grupo a su primer vocalista, Felix Martínez Romero, el Chévere. Con él registraron aquel megahit cumbiambero que vendió más de un millón de copias en su formato de disco de 45 R. P. M.
A el Chévere lo seguirían en su puesto otras voces emblemáticas del sabor, como Claudio Morán y Carlos Ramírez.
La estructura de ‘Elsa’ era sencilla: intro de guitarra eléctrica anunciando la melodía principal, que se intercambiaba con las estrofas y el coro, repetitivo y pegajoso (“Elsa, Elsa, yo te juro que te quiero, que por ti yo moriría si me faltara tu amor…”). La guitarra siempre adelante en las mezclas de Los Destellos como proa de una nave rítmica y en el toque de Delgado moraba un sonido único que resumía sus propias influencias.
Aclaremos que se trató de una composición de Tomás Rebata Acevedo que se llamó originalmente ‘Que siga la fiesta’, pero la leyenda cumbiambera dice que se mudó a ‘Elsa’, con cambio de letra por el propio Delgado, quien por entonces andaba de enamorado con una fémina de ese nombre.
Nace una estrella
Los Destellos surgieron en 1966, grabaron algunos surcos en distintos géneros, pero en octubre del 68 saldría su epónimo primer elepé, con 12 canciones instrumentales. El desarrollo musical del grupo sintetiza las inquietudes de Enrique Delgado, a posteriori el Padre de la Cumbia Peruana.
Bajo los lentes gruesos del joven nacido en el Rímac habitaba un artista que había empezado desde mozalbete como guitarrista solicitado por solistas consagrados de la música criolla. También sabía de música andina, amén de nueva ola, pero su gran desarrollo lo logró en la cumbia, con aires de psicodelia, que generacionalmente le pertenecía, pero él lo trasplantó del rock a la cumbia para darle personalidad y sazón rojiblanco, sintetizando también todo su conocimiento previo musical. Así nació el ritmo tropical peruano. Y psicodélico, señores.
Delgado y su envidiable digitación sobre el mástil de la guitarra. Lo secundaban otros jóvenes inquietos y atípicos como él: Humberto “Tito” Caycho en el bajo y la segunda guitarra de Fernando Quiroz. Y Carlos Ramírez en la batería. Todos sudaban rock y guaracha. Para la grabación del LP de 1968, el grupo tropical sumaría timbales y un sintetizador moog.
Capo inclasificable
El periodista y melómano Agustín Pérez Aldave da más claves sobre el líder de Los Destellos: “Enrique Delgado representa un momento diferente de asimilación de la música tropical. Lo digo en referencia a Carlos Baquerizo [director de Los Demonios de Huancayo, 1965], que fue pionero en la fusión del toque andino con la cumbia.
Delgado fue un músico múltiple y creativo. Lo acompaña al día de hoy la etiqueta de ser considerado Padre de la Cumbia Peruana, pero fue más.
Capo consciente del sonido. Uno escucha sus grabaciones y tienen una limpieza y transparencia que emociona, como si se tratara de algo que uno escucha por ver primera.
Forjador de la cumbia psicodélica que delata a un músico de mente abierta. Lo dicen claramente algunos títulos de sus composiciones que pueden ser instrumentales, como guajiras, boogaloos, fusiones y descargas: ‘Apolo 11’, ‘Guajira sicodélica’, ‘Onsta la yerbita’… Trazó un camino de varias vías.”
Si Dios escucha cumbias, Enrique Delgado le toca la primera guitarra al oído.