Editorial
Este hecho es una reivindicación por partida doble. Por un lado, es un reconocimiento al lugar donde se selló la independencia de la América hispana y del Perú. La histórica Pampa de la Quinua, donde se libró la batalla decisiva, se encuentra a un paso de la urbe ayacuchana. Por otro, es la inclusión en las celebraciones por nuestro bicentenario de una de las zonas más castigadas durante los años de la violencia interna generada por los movimientos terroristas.
Hace un par de años, el Instituto de Estudios Peruanos publicó el libro La independencia peruana como representación, en el que se abordó las celebraciones de 1921. Entre los varios ensayos que componían esta obra colectiva estaba el del historiador Iván Caro, que documentaba el sentir de postergación de los boatos –concentrados en gran parte de Lima– en el primer centenario de nuestra independencia.
En esta ocasión, el espíritu de los festejos de esta fecha tan significativa es mucho más descentralista, la idea es incluir a las regiones en la celebración.
Una de las primeras acciones es el llevar el Hay Festival a Huamanga. Este evento, nacido en Gales, Reino Unido, ha sido reproducido en distintas partes del mundo. No es una actividad de corte exclusivamente literario, aunque este año tenga como invitados estrellas a nuestro primer premio nobel, Mario Vargas Llosa, y al escritor anglo-indio Salman Rushdie.
En el Hay Festival se dan cita diferentes áreas del conocimiento. Durante los días que dura este encuentro –del 8 a 11 de noviembre– se hablará de ciencias, historia, periodismo, entre otros. Buena parte de los invitados son personalidades de prestigio que no visitan regularmente nuestro país.
Aún se desconoce quiénes serán los seleccionados para participar en la jornada previa del 7 de noviembre en Ayacucho. Los designados permitirán al público huamanguino disfrutar de charlas de nivel internacional sobre temas muy diversos.
El arribo de intelectuales de primer orden a Huamanga es, además, una señal de cambio. Una urbe que fue tan castigada por el terrorismo ha evolucionado favorablemente. Esta ciudad, que sufrió profundamente durante las décadas de 1980 y 1990, será una suerte de capital del conocimiento. Esta situación privilegiada se repetirá una vez al año, hasta el significativo y cercano 2021.