• JUEVES 7
  • de mayo de 2026

Opinión

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enfoque

Temores ante un gigante

Julio Panduro Chamorro

Periodista y politólogo

Sin embargo, en algunos casos, ese interés se torna en una suerte de temor frente a un gigante que cada día gana el espacio dejado por otras potencias, como Estados Unidos, cuyo gobierno prefiere encerrarse en el proteccionismo comercial o desatender sus relaciones con regiones emergentes, como América Latina.

¿Es China una potencial nación agresora en sus afanes de crecimiento?, ¿Beijing está aplicando un apabullante colonialismo so pretexto de impulsar el desarrollo de otros países?, ¿guarda la nación asiática algún tipo de resentimiento histórico por las agresiones sufridas antaño por las potencias occidentales?, ¿China puede ser un país peligroso si aumenta su poderío militar? son algunas de las preguntas que surgen del temor al gigante chino y que posiblemente carezcan de asidero si revisamos antecedentes y proyecciones.

Es importante recordar que China se ha desarrollado durante centurias, incluso milenios, con el pétreo legado de Confucio, y las enseñanzas del filósofo chino siempre se han dirigido a respetar al extranjero, eludir la confrontación y valorar la convivencia y el respeto mutuo. Aunque parezcan frases cliché o lugares comunes, la nación asiática ha salido adelante con la firme creencia del legado confuciano, incluso en los más altos cargos del gobierno.

Tal es así que líderes históricos como Mao Zedong, Deng Xiaoping, Hu Jintao y Xi Jinping han asegurado de manera pública, y en su momento, que no desean erigir a China como la nación dominante del planeta, sino que buscan superar problemas domésticos, como acabar con la brecha entre su litoral desarrollado y su interior pobre. Sin embargo, hechos tangibles demuestran que ese liderazgo es innegable, al menos en áreas como la economía y el comercio.

El recelo al auge chino tampoco tendría una base sólida porque hace décadas que las potencias occidentales ven con resquemor un posible cambio de timón en la conducción de China al pasar de la colaboración a la agresión. Tales augurios ni siquiera se han materializado en algún pequeño porcentaje, y todo indica que no se concretarán en el futuro porque Beijing tiene sus propios conflictos y retos por enfrentar.

Por ejemplo, debe solucionar el desarrollo equitativo de su población, enfrentar la incertidumbre de cuánto le afectará el cambio climático, responder a las demandas de la creciente clase media, controlar los movimientos yihadistas de sus provincias musulmanas, entre otros.