Opinión
José Vargas Sifuentes
Periodista
En síntesis, el abogado, historiador e investigador dice que la nueva y autodenominada ‘aristocracia moderna’, surgida y enriquecida en los primeros años de la República, gracias a situaciones coyunturales externas, tuvo en sus manos hacer del nuestro un país tan o más avanzado que el Japón de hoy.
Refiere que Japón inició su proceso de modernización en la época del emperador Miji, en 1870, treinta años después de que nuestra nueva clase dirigente empezara un proceso de acumulación de riqueza, que dilapidó en su provecho, personal y pasajero, sin pensar en el futuro del país ni el suyo propio. Fue la única y gran oportunidad que tuvimos para modernizar el Perú.
La historia confirma el aserto. Según Jorge Basadre, durante los veinte primeros años posteriores a la independencia, Perú vivió un agitado período de revoluciones internas, motines, estallidos populares, prisiones, destierros, montoneras, en fin, “una situación al margen de la normalidad y con escasos, cortos y relativos períodos de legalidad”.
Para entonces, la crisis de la minería, registrada en los últimos años del virreinato, desplazó las fuentes de producción hacia la agricultura y le hizo perder al Perú sus canales de integración con la economía internacional.
A partir de 1840, descubiertos ya los valores fertilizantes del guano, este se convirtió en el producto más deseado por Europa, particularmente Inglaterra, donde la Revolución Industrial y la derogatoria de las leyes de protección al trigo inglés obligó a los propietarios de tierras a incrementar la productividad de sus campos para hacer frente a la demanda creada por la industrialización y la competencia del trigo francés. El guano, dice De Trazegnies, se convirtió en el maná que alimentó nuestra pobre economía nacional.
A su turno, y dos décadas más tarde, la Guerra de Secesión (1860-1865) en Estados Unidos abrió grandes oportunidades para el azúcar y el algodón peruanos, y permitió mayor acumulación de riqueza entre los grandes hacendados costeños. Estos hechos, que dieron origen al ingreso de mayor riqueza al Perú, constituyen la partida de nacimiento de la nueva clase social dirigente, que sustituyó a la aristocracia virreinal.
La aristocracia, miope y egoísta se dedicó a potenciar sus propiedades, llenándolos con toda suerte de objetos, muebles y adornos importados de Europa; las mujeres dejaron la saya y el manto, y la reemplazaron por la moda de París, vía la importación de vestidos, joyas y perfumes. Las más costosas alhajas europeas invadieron Lima.
Nuestra clase dirigente no se dedicó a modernizar el país. Apenas sí logró modernizar su propio sector. Su meta fue hacer negocios bajo la sombra y protección del Estado, y disfrutar de su riqueza, no reinvertir sus utilidades. El éxito del guano, del algodón y del azúcar concentró las actividades económicas en la Costa, y dejó en el abandono a la Sierra, que se mantuvo anquilosada y tradicional. Cajamarca, Cusco y Ayacucho, antes ciudades muy activas con los españoles, perdieron importancia y cedieron su puesto dirigencial a la costa exportadora, que buscaba su modernización.
Esa situación agravó la división social tradicional, y agrandó la brecha entre una élite relativamente modernizada y occidentalizada, y una población autóctona y atrasada. La división se hizo necesaria para mantener el sistema económico basado casi exclusivamente en la exportación de materias primas, utilizando mano de obra barata, primero esclava, luego la de inmigrantes chinos, y, finalmente, de una masa andina “contratada en condiciones serviles”.
La clase social que condujo el país durante el siglo pasado, en vez de asegurar valores culturales, aseguró posiciones sociales. Incluso le fue más fácil ceder en materia de tradiciones culturales que en materia de privilegio.
La aristocracia sufrió un serio revés con la Guerra con Chile (1879-1883), pero logró superar el trance, recuperó sus privilegios, sin acordarse de modernizar a todos los sectores del país. Un ‘olvido’ que se mantuvo hasta las primeras décadas del siglo XX, y del cual hasta ahora no logramos recuperarnos del todo.