• VIERNES 10
  • de abril de 2026

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elecciones municipales y televisión

Hora de decidir

José Vadillo Vila

jvadillo@editoraperu.com.pe

Veinte candidatos van tras el sillón de Ribera El Viejo, el de Lima Metropolitana. El espíritu pluripartidario de las elecciones en el país se puede sintetizar en el número de candidatos al sillón municipal capitalino: en el 2014, fueron trece –sí, como los soldados en la Isla del Gallo–; en el 2010, nueve; y en el 2006, doce. 

Aunque la ciudad supera los 500 años, recién en 1963 se pudo elegir al primer alcalde mediante el voto directo. Antes, las autoridades municipales eran elegidas por una junta designada por el Ejecutivo. Es decir, a dedo. Esta vieja práctica se reinstalaría cinco años más tarde, tras el golpe del general Velasco Alvarado.

La promesa de la buena representación. Así podríamos resumir las buenas intenciones que suscitan las elecciones, pero lo de las masas de votantes colmando los colegios públicos es fenómeno reciente, de menos de 100 años.

Los primeros mítines multitudinarios en el país los realizó el general Luis Sánchez Cerro, cuando se vistió de civil para candidatear en 1931. Ese año fue importante porque se liberalizaron las elecciones presidenciales. Antes, sufragar era un acto y opción exclusiva para los varones alfabetos debidamente inscritos en el registro Cívico, mayores de 25 años y que contribuían con sus impuestos al Estado. En 1931 también se creó el Jurado Nacional de Elecciones, para formalizar los procesos electorales del país.

Las elecciones de 1963

Volvamos. Las primeras elecciones municipales fueron rápidas. Fernando Belaunde Terry las anunció el 28 de julio de 1963 y el 15 de diciembre el conteo de los votos reveló el nombre del primer alcalde elegido por votación popular: el Tucán Luis Bedoya Reyes, de la alianza gobernante integrada por Acción Popular (AP) y la Democracia Cristiana (DC).

Hoy, que se habla de la brevedad de la campaña del 2018, recordemos que Bedoya renunció a su cargo de ministro de Justicia 40 días antes de las elecciones para empezar su campaña. Se enfrentó a María Delgado de Odría, quien postulaba por encargo de la coalición APRA-UNO (Unión Nacional Odriísta). Doña María fue la primera candidata y logró el segundo lugar.

Bedoya sería reelegido en los comicios de 1966, tras sostener el primer debate televisivo de nuestra historia política, con Jorge Grieve, representante de APRA-UNO. La televisión debutó entonces como potente vehículo para decidir el voto ciudadano. El debate duró 75 minutos.

Si hablamos de debates por el sillón municipal capitalino, Víctor Andrés Ponce escribió en un artículo que Alfonso Barrantes Lingán, líder de Izquierda Unida, demostró “agilidad mental” y “picardía criolla” cuando en el debate televisivo para las elecciones municipales de 1983 destronó al favorito, Alfredo Barnechea (APRA), y a los otros dos candidatos (Alfonso Grados Bertorini y Richard Amiel). El político cajamarquino sintonizó con los nuevos vecinos, migrantes como él.

Barrantes tenía 20% del favor del electorado y Barnechea, 30%. La lección que queda es que más que ideas, el candidato debe tener los mejores reflejos comunicacionales a la hora del debate por tele.

Otro claro ejemplo del manejo de cámaras y lenguaje popular para lograr el sillón municipal fue el de Alberto Andrade, quien frente a cámaras, en 1995, venció al favorito, Jaime Yoshiyama. Siete años después, Andrade perdería su segunda reelección en un debate desde Manchay. La vida te da sorpresas.