• JUEVES 26
  • de marzo de 2026

Opinión

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anécdotas

Un brindis por Miguel Grau

José Vargas Sifuentes

Periodista

Sobre él se ha escrito mucho, aunque al final resulte poco. Y se ha destacado el gesto de caballerosidad que tuvo para con Carmela Carbajal, viuda del capitán de fragata Arturo Prat, quien falleció en el combate de Iquique cuando la corbeta Esmeralda, que él comandaba, fue hundida por el Huáscar.

Ese gesto y la orden que dio Miguel Grau de rescatar a la tripulación sobreviviente del barco chileno le valieron el título de Caballero de los Mares, como se le conoce –y reconoce– en el mundo entero.

Pero muy pocos conocen del incidente que un brindis en su honor ocasionó en una reunión de marinos chilenos y argentinos, que motivó el retiro de los primeros, indignados por haber sido ‘ofendidos’ en su propia tierra.

El hecho fue dado a conocer en el diario El Independiente de Santiago y El Heraldo de Valparaíso, en su edición del 25 de febrero de 1899, y reproducido por la edición extraordinaria que publicó la revista Mundial con motivo del centenario de la proclamación de nuestra independencia, en julio de 1921. La nota incluía, además, las décimas que escribió el poeta Elías Alzamora al conocerse en Lima el hecho y la emoción que provocó en nuestra capital.

Se trató de una cena que en los primeros días de febrero de 1889 ofreció el cónsul argentino en Chile a la oficialidad de la Marina chilena, en la que estuvo presente su comandante general. Al concluir la cena, uno de los presentes propuso ir a “vaciar hasta la última copa de champaña” al Club Valparaíso, entonces un centro social exclusivo de la capital de nuestro vecino del sur.

El ambiente estaba rodeado de una franca cordialidad. Los marinos argentinos llegados para la ocasión se confundían en abrazos fraternos y cariñosas atenciones con sus colegas chilenos y brindaban por sus respectivas instituciones.

En un momento dado, un marino argentino apellidado Barraza se levantó de su silla, levantó su copa y pidió brindar… “por otra figura mundial de la historia americana; por un héroe legendario cuya gloria bastaba por sí sola para dar honor a un continente; por un marino que debió alumbrar al mismo océano en la reciente Guerra del Pacífico; por uno de esos guerreros sublimes ante los cuales el sentimiento de la nacionalidad desaparece para dejar solo en el alma el sentimiento de la admiración”.

De acuerdo con la crónica, los marinos chilenos veían ya brillar en los labios del marino argentino el nombre de Prat y mantenían sus copas en alto esperando que fuera pronunciado ese nombre tan querido por ellos.

Barraza terminó su brindis con estas palabras: “… por un héroe eminentemente americano; por el inmortal marino a quien todos los que seguimos la carrera del mar debemos tomar como ejemplo y como modelo. Señores: ¡un brindis por Miguel Grau!”

No hubo forma de explicar la impresión que causaron esas palabras. Las copas llenas volvieron a ser depositadas sobre la mesa, mientras un sentimiento de indignación hacía presa de los marinos chilenos, que se sintieron ofendidos en su propia casa.

El comandante de la marina argentina trató de salvar la situación explicando que el autor, poco habituado a los nombres, había confundido el de Prat por Grau.

“¡No, señores! –replicó el marino Barraza–, he dicho Miguel Grau, y no me he equivocado. Mi intención era brindar por Miguel Grau”.

La explicación superó todos los límites. Entre gritos de protesta, los marinos chilenos se retiraron de la reunión. Era el único camino que les quedaba.

El espacio queda corto para reproducir las cuatro décimas con palabras de gratitud que el poeta Elías Alzamora escribió el 6 de febrero de 1889, y que empieza diciendo: “No conozco todavía/ ni tu nombre ni tu acento, / y por ti entusiasta siento/ la más grande simpatía. / Yo anhelo que llegue el día/ de verte en mis patrios lares, / y entretanto mis cantares/ te envío, noble marino, / en cuyo pecho adivino/ la grandeza de los mares.”

Termina diciendo: “Ven, pues, a playa peruana/ en donde, siempre sincera, / mi bandera a tu bandera/ se enlazará como hermana. / No importa que esté lejana/ la patria donde has nacido:/ quien como tú ha procedido/ y siente noble su pecho, / puede vivir satisfecho/ entre un pueblo agradecido”.

¡Salud, por Miguel Grau!