• JUEVES 7
  • de mayo de 2026

Opinión

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Piaras bíblicas

Julio Panduro

Periodista y politólogo

Como libro de metáforas, la Biblia resulta insuperable. En tres de los evangelios del Nuevo Testamento se habla particularmente de la vocación de autodestrucción. Mateo lo relata así en su capítulo 8, versículo 32: “Y he aquí que la piara entera se precipitó por un despeñadero al mar, y perecieron en las aguas”. Un relato sobrecogedor si la escena fuera cierta, pero como dice el cliché, la realidad supera muchas veces la ficción.

Esa misma propensión autodestructiva se ha convertido en una creciente realidad en los últimos años, cuando vemos el apoyo brindado por la ciudadanía a políticos y candidatos de dudosa vocación democrática y cuyo talante autoritario aterra a los círculos académicos y a los sectores progresistas por su preocupante avance.

La postulación de Jair Bolsonaro a la presidencia de Brasil ha sido el nuevo campanazo de alerta porque el candidato ocupa el primer lugar de las preferencias electorales. De nada ha valido que este exmilitar haya demostrado de manera abierta su racismo, misoginia, clasismo y homofobia: prácticamente la mitad de los brasileños le brinda su apoyo.

Algunos analistas señalan que la elección de Donald Trump fue el gatillo para que esta clase de políticos obtuviera el respaldo de la ciudadanía. Sin embargo, esa inclinación al extremo proviene de años atrás, especialmente de Europa, donde ciertas agrupaciones políticas abrazan, sin ambages, ideologías de corte fascista y ultranacionalista.

Quizá Marine Le Pen sea la más popular de esas figuras. Eurodiputada desde el 2004, es una de las pocas representantes oficiales del continente a la que le retiraron la inmunidad parlamentaria en el marco de una investigación judicial por posible incitación al odio. Pese a ello, en el 2017 obtuvo el segundo lugar en las dos vueltas electorales para elegir al presidente de Francia.

La nación gala no es la única. En Alemania, el partido que aglutina a todos los grupos neonazis logró un escaño en el Parlamento Europeo; en Austria, el ultraderechista Partido de la Libertad aumenta su aceptación en la población; en recientes elecciones de Croacia y Dinamarca, los partidos de extrema derecha también fueron los más votados; y en Hungría, el candidato nacionalista Viktor Orbán por poco gana la presidencia.

Al parecer, todo esto es producto de una crisis del modelo democrático y el efecto dominó generado por la elección de Trump, cuyo ascenso al poder ha legitimado el populismo racista, antiinmigrante y ultraconservador. Lamentablemente, el espacio ganado por estos sectores es gracias al voto ciudadano, al sufragio de esa gran masa con vocación autodestructiva.