Opinión
Julio Panduro Chamorro
Periodista y politólogo
Lo novedoso aquí es la velocidad con la que se propagan y que en numerosas ocasiones, medios informativos serios y periodistas con un alto nivel de credibilidad hayan hecho eco de esas mentiras. Allí tenemos, en el caso peruano, el supuesto deceso del exsecretario general de las Naciones Unidas Javier Pérez de Cuéllar y el aparente quiebre democrático vía golpe de Estado.
La velocidad de su propagación se debe a la inmediatez de las redes sociales. Si antes los periódicos debían competir con las estaciones radiofónicas en la primicia, y luego las radioemisoras debían hacer lo mismo con los canales de televisión, ahora el conjunto de medios periodísticos convencionales libra esa batalla con redes como Twitter y Facebook. Por ello, los interesados en sembrar las fake news acuden preferentemente a estos nuevos medios electrónicos.
También es evidente que la mayoría de noticias falsas, aquí y en otras latitudes, busca difundir propaganda a favor de una posición, y tal como la define la Real Academia Española, propaganda es la acción y efecto de dar a conocer algo con el fin de atraer adeptos. Se trata de una práctica que tuvo un intenso desarrollo a principios del siglo XX, particularmente en modelos extremistas como el nazismo y el fascismo, y cuya máxima figura fue Joseph Goebbels, ministro para la Ilustración Pública y Propaganda del III Reich.
En la actualidad, vemos que la propaganda dejó de ser patrimonio exclusivo de los regímenes totalitarios para infiltrarse en la cobertura de numerosos medios de comunicación que ya no se dedican a informar y divulgar, sino que buscan persuadir a las masas para que apoyen una determinada posición o punto de vista.
Y es aquí donde entran a tallar las noticias falsas, que finalmente se han convertido en mentiras de peso si es que no utilizamos mecanismos de autodefensa para evitar caer en esas trampas sagaces donde la desinformación está agotando nuestra capacidad intelectual para la crítica y la veracidad brilla por su ausencia.
Al respecto, la Federación Internacional de Asociaciones de Bibliotecarios y Bibliotecas (IFLA) ha elaborado algunos consejos útiles para no ser engatusados por las fake news: estudiar la fuente, leer todo el texto y no solo el titular, investigar quién es el autor, consultar fuentes adicionales, comprobar la fecha, analizar el sitio web, considerar su sesgo y preguntar a un experto.