Opinión
Julio Panduro Chamorro
Periodista y politólogo
Estas migraciones han devenido en shows mediáticos, en los que sus protagonistas relatan historias de penoso sufrimiento y de difíciles condiciones de seguridad en la tierra que los vio nacer. Sin embargo, el desplazamiento masivo no es un hecho reciente ni nuevo en el contexto del continente americano y en el mundo.
En los dos últimos años, hemos visto también cómo miles de africanos se arriesgan a cruzar el Mediterráneo para huir de la guerra, al igual que a millones de sirios escapando de la masacre en su país.
La migración, en realidad, es una constante en el devenir de la humanidad y se ha convertido en un motor de la historia. Y está comprobado por hechos fácticos que se ha realizado desde hace millones de años, configurando el perfil de los continentes, cuando aún no existían las líneas fronterizas que separan hoy a los países ni se encontraba en boga aquel nacionalismo que coloca arbitrariamente a ciertos colores de la piel sobre otros.
Es decir, no hay ninguna sociedad moderna en la que no haya influido la migración porque desde que el hombre existe en el mundo siempre se han presentado estas movilizaciones masivas: primero, por nuevos cotos de caza que permitieran subsistir a los grupos nómadas; luego, por mejores tierras a fin de consolidar una agricultura que abastezca de alimentos; y posteriormente, por motivos de seguridad, tal como observamos hoy.
Lamentablemente, este nuevo desplazamiento se presenta en un mundo en el que ya se definieron límites de espacio, todos regulados por el derecho internacional y resguardados por gobiernos celosos de su soberanía.
Pero una cosa es clara: los migrantes y refugiados también gozan de derechos que la comunidad internacional está obligada a respetar.
De hecho, la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos es la encargada de velar por las condiciones de millones de personas obligadas a migrar en busca de mejores condiciones de vida, y ha dispuesto un conjunto de instrumentos, como los principios y directrices sobre derechos humanos recomendados en las fronteras internacionales para perfeccionar el marco jurídico de protección y apoyar a los Estados en el cumplimiento de sus obligaciones en la materia.