• SÁBADO 4
  • de abril de 2026

Cultural

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Historia literaria

Los chancas nos cuentan

Luz María Crevoisier

Periodista

“Las literaturas regionales suelen ser casi siempre motivo de grandes polémicas cuando se trata de definir su carácter ‘independiente’ respecto a los centros imperiales que mueven la cultura en el planeta”, declara al Diario Oficial El Peruano el escritor y actual presidente del gremio de escritores, Armando Arteaga.

El investigador apunta que “el caso de la literatura apurimeña despierta el interés, incluso desde antaño. Tales son los casos de El Lunarejo Juan Espinoza Medrano –célebre clérigo y orador, nació en la comunidad andina de Calcaristo, en la provincia de Antabamba, y no en Cusco, como se suele especular– y posteriormente el de José María Arguedas. Se trata entonces de una literatura regional escrita en castellano y en quechua”.

Haciendo espacios

El escritor y poeta piurano da una explicación de la evolución de las letras ayacuchanas y nos ubica en los primeros indicios del espacio cultural y sociopolítico del valle de Apurímac, citando al médico Hugo Pesce y a Víctor Navarro del Águila, padre de la antropología peruana. Ambos son pioneros del pensamiento indigenista que se impondrá en las ciencias sociales y en la literatura a escala nacional.

El documento Relación somera de algunas ruinas precolombinas chankas en la provincia de Andahuaylas (1942), de Pesce, y el libro Las tribus de Ankcu Wallokc, de Navarro del Águila rompen con el tradicionalismo quechua impuesto por el Inca Garcilaso y el cronista Cieza de León, para acercarse al universo de los chankas.

“Contagiado del mismo espíritu nace el libro Los Chankas (Lima, 1976) del apurimeño Gerardo Quintana, que se perfila abiertamente en contra del centralismo cusqueño para aperturarse hacia ‘lo chanka’, es decir, hacia el mito y el pensamiento histórico”, explica Arteaga.

Entre los estudiosos de la obra de Espinoza Medrano tenemos a Mariano Picón-Salas, que manifiesta que “el apurimeño escribe con un estilo digno de Gracián convirtiendo el auto sacramental El hijo pródigo en una verdadera obra maestra de la literatura americana”.

“En los años 70, el escritor Luis Loayza, en el diario El Sol de Lima, subraya que “los españoles que elogiaron el libro del Lunarejo no sospechaban que les estaba cobrando un desquite”.

Los nuevos chankas

El especialista Armando Arteaga da a conocer los nombres de desconocidos apurimeños que pone sobre la palestra. Uno de ellos es el de Jorge Miota (Abancay 1870) que “pertenece a ese cosmopolitismo arrebatado y supérstite de nuestra modernidad. Como ningún otro sublimó nuestro lado alaracoso, suministró el rigor y la superposición descriptiva. Además, se adelantó en el uso del racconto y otras técnicas. Miota fue elegante en su lenguaje modernista y en mostrar la pobreza espiritual de las clases dominantes”.

“Otro grande fue José María Arguedas, que abarcó todos los géneros, a excepción del teatro. Rompió con la tradición literaria en español considerada única para acercarla al quechua”.

Nombres recientes son los de Ugo Carrillo. “Su obra alterna con las voces personales, ancestrales y convergentes de la modernidad actual. Su creatividad poética expresa un cambio sustancial en el manejo del lenguaje poético quechua para saltar del lirismo al mensaje directo”.

Otros escritores son Abel Gutiérrez y Edmundo Delgado.