Opinión
Ernesto Nava Carrión
Médico y periodista
Estudió en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (UNMSM), donde obtuvo el grado de bachiller en letras y de doctora en letras en 1931, con la brillante tesis La indumentaria en la antigua cultura Paracas, que fue aprobada por aclamación, rara distinción que por aquellos tiempos obtenían los graduandos.
Su vida se puede sintetizar desde varios aspectos. En el área arqueológica, siguió los pasos de su maestro y aportó numerosas investigaciones, en especial sobre las culturas preíncas. Uno de los trabajos más importantes que desarrolló fue La mujer y el niño en el antiguo Perú (1923), con lo que se constituyó en la primera científica que trató en detalle el rol que le cupo a la mujer en el desarrollo sociocultural de nuestra población precolombina.
En 1949, en el Museo de Historia Natural de Nueva York, realizó, por primera vez en el mundo, el desenfardamiento de una momia Paracas, en la que se aplicó carbono 14 para obtener datos de su antigüedad.
Como docente, desarrolló esta noble profesión en la UNMSM y la Universidad Católica, con lo que se erigió en la primera mujer catedrática en el Perú. A nivel secundario, fue cofundadora y profesora del colegio Rosa de Santa María y maestra en el colegio Antonio Raymondi.
Dictó numerosas conferencias no solo en el Perú, sino también en el extranjero.
A la muerte de Tello, se aprecia una producción intelectual propia, de la que se puede mencionar estudios sobre las culturas Chavín y Paracas. En los últimos años de su existencia, editó El culto al agua en el antiguo Perú (1955) y la Religión en el antiguo Perú (1959), investigaciones vigentes y que fueron reeditadas por el Instituto Nacional de Cultura.
En el área administrativa, se desempeñó como subdirectora y, posteriormente, directora del Museo de Arqueología y Antropología de Magdalena Vieja. En el aspecto humano, se casó con el arqueólogo y etnólogo Suizo Rafael Girard. De personalidad bondadosa, espontánea, perseverante, de vigoroso carácter ante la adversidad, muchas veces incomprendida en su obra patriótica en la defensa del patrimonio arqueológico nacional.
Fue condecorada con las Palmas Académicas, otorgada por el Gobierno de Francia, además de con otras numerosas distinciones y, posteriormente a su muerte, se le otorgaron las Palmas Magisteriales. Serpost del Perú emitió un sello postal como reconocimiento a su labor científica.
Luego de una fructífera y brillante existencia, caracterizada por abrir el camino en el aspecto científico-cultural a la mujer peruana en las primeras décadas del siglo XX, falleció en la ciudad de Guatemala el 3 de abril de 1960.