Opinión
José Vargas Sifuentes
Periodista
Miguelina Aurora Acosta Cárdenas fue la primera mujer peruana en graduarse de abogada en los claustros de la UNMSM en 1920, que dedicó sus pocos años de vida a luchar por la igualdad entre hombres y mujeres y trabajadores de toda condición, sin discriminaciones.
Nacida en Loreto el 23 de noviembre de 1887, fue hija de un cauchero acaudalado, lo que le permitió viajar desde niña y estudiar en Francia, Suiza y Alemania. Este hecho le abrió su perspectiva del mundo y le permitió acceder a ideas progresistas.
Al retornar de Europa, fundó el Colegio de Señoritas de su ciudad natal y el primer centro de educación inicial. Llegada a Lima, y tras superar variados obstáculos dadas las limitaciones impuestas a las mujeres para acceder a estudios superiores, ingresó a la universidad decana de América, cursó estudios en las facultades de Letras y de Jurisprudencia y Ciencias Políticas, hasta graduarse con la tesis Nuestra institución del matrimonio rebaja la condición jurídica social de la mujer.
No le fue fácil, pues tuvo que sobrellevar los desplantes masculinos que sufrían las mujeres de la época al acceder a estudios universitarios. Pese a todo, obtuvo su doctorado con la tesis Reformas necesarias del Código Civil Común Peruano tendientes a hacer efectiva la igualdad civil y jurídica del hombre y la mujer.
Tras egresar, instaló un estudio, desde el cual se dedicó a apoyar causas obreras y femeninas. Presidió la Federación de Universitarias Peruanas que conectaba a jóvenes estudiantes con instituciones femeninas nacionales y extranjeras, y proponía el acceso general de las mujeres a la educación secundaria y el incremento de organizaciones femeninas obreras, para lo cual propuso un plan de extensión universitaria y la organización de comisiones de enseñanza y propaganda.
Formó parte de la Asociación Proindígena, fundada por Pedro Zulen y Dora Mayer, que defendía los intereses sociales de la raza autóctona peruana. Con Mayer, dirigió el semanario La Crítica, entre 1917 y 1919, que tocaba temas de los que la prensa de la época no se ocupaba.
Fue secretaria de la asociación feminista Evolución Femenina, participó en la sección femenina de La Liga Agraria y su anexo El Bazar Nacional, e integró la sociedad Labor Feminista. Fue seguidora de las ideas anarquistas, cuyo ideario reconocía la importancia de la participación femenina en la transformación social.
Presidió el Comité Femenino Proabaratamiento de las Subsistencias, constituido por obreras, comerciantes y amas de casa que exigían frenar el precio de productos de necesidad básica; y respaldó la huelga obrera declarada en Lima y Callao del 27 de mayo al 5 de junio de 1919. En esa oportunidad, los manifestantes fueron perseguidos y encarcelados varios dirigentes, y se destruyeron sus estudios e imprentas. Miguelina demostró su gran valentía participando en esta lucha social por los derechos de los trabajadores.
En 1924 participó en la Conferencia Panamericana de Mujeres en Lima; integró la Liga Internacional de Mujeres por la Paz y la Libertad en el Perú; y se dedicó a dictar clases a mujeres en las escuelas de capacitación obrera, convencida de que la educación era el instrumento para lograr una sociedad más equitativa.
Además, abogó para que la instrucción fuera laica y racionalista; instaba a las mujeres a asistir a las universidades para que adquiriesen una cultura integral; disertaba sobre el respeto a la mujer en la esfera doméstica y pública; se oponía a que las mujeres fueran tuteladas, y defendió el derecho al trabajo y a un salario justo para las mujeres.
Fue docente en la Universidad Popular González Prada, y colaboró en El Obrero Textil y el Amauta en 1920.
Mujer de gran personalidad, discrepó con algunos de los textos de José Carlos Mariátegui sobre la región Loreto, a la que menciona en el capítulo Regionalismo y Centralismo en los 7 ensayos de la interpretación de la realidad peruana, donde dice: “La montaña, sociológica y económicamente, carece aún de significación”. Miguelina le recordó la importancia del caucho en la economía nacional y su significado en el país, y lo instó a tomar en cuenta la sociología de la población amazónica. Esto llevó a Mariátegui a realizar algunas precisiones en su obra, que aparecen como pie de página.
Miguelina Acosta falleció el 26 de octubre de 1933. Tenía solo 35 años.