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Julia Sánchez Deza: La saeta de América

Raúl Borda

rborda@editoraperu.com.pe

Maravillosa Julia Sánchez. Morochita de 21 años, amable, sencilla y reservada, con piernas de acero y corazón de heroína. Le asignaron el carril cinco que era su preferido. Ese carril terminaba justo donde flameaba al tope una bandera peruana. El reloj marcaba las cuatro de la tarde. Y no le daban chance.

Los cronistas que cubrieron la primera edición de los Juegos Panamericanos en Buenos Aires señalaron que nuestra atleta quedó algo rezagada en la partida, delante iba la norteamericana Jean Patton, pero al llegar a los 75 metros, cuando todos creían que se quedaba sin resistencia, empezó a “volar” en la pista.

Con la franja en el pecho, Julia Sánchez fue alentada por miles de aficionados en el estadio de River Plate como si se tratara de una atleta del club millonario. “Ten fe, hija mía… con voluntad y corazón se puede levantar el mundo”, le había dicho su madre antes de despedirla en Lima. Y su rush final fue impresionante, alcanzó a Patton y, en los últimos 20 metros finales, la pasó.

No le daban chance, pero Julia Sánchez corrió como una centella mirando nuestra bandera. Con la Patria como meta, la pista le quedó chica. Le puso corazón y alcanzó la gloria en forma brillante. No se enteró del triunfo hasta que Marcos Lerner, fotógrafo de Ultima Hora, se le acercó para decirle: ¡Ganaste, Julita!

Mientras a un lado la formidable miss Patton lloraba su derrota, la chilena Adriana Miller la felicitaba efusivamente. Julia había ganado la prueba de los 100 metros planos, imponiendo la marca de 12 segundos y 2 décimas, clasificándose como la mejor de América, bañando en oro al atletismo nacional.

Cuando Sánchez subió al podio de los vencedores, paradójicamente era la más pequeña, pero también la más grande. “Ver flamear la bandera peruana en lo alto del mástil y cantar el Himno Nacional con mis compañeros fue emocionante. Todos los atletas peruanos lloraban vivando por el Perú. Me parecía un sueño, me parecía imposible”, recordaría años después la campeona.

En Lima su familia se enteraba de su hazaña por Radio Colonial y al día siguiente La Crónica celebraba en sendos titulares y amplia cobertura: “Otra tarde de gloria tuvo el deporte peruano en los Juegos Panamericanos. Julia Sánchez se clasificó en jornada triunfal la mejor velocista de América”.

Dos semanas después Julia Sánchez fue recibida triunfalmente en el aeropuerto de Limatambo entre ovaciones y el afecto de familiares y amigos de su barrio. El presidente Manuel Odría y el titular del Comité Nacional de Deportes, Leopoldo Molinari, la recibieron luego en Palacio de Gobierno para rendirle un merecido homenaje.

La gacela de Breña

Nacida en 1930, Julia Sánchez mostró siempre habilidades para el deporte. Fue en la calle Mantaro de Chacra Colorada, en Breña, donde, según contó su madre, doña Herminia Deza, Julia “corría como una gacela aventajando a otros chicos de su edad”.

Estudió primaria en el colegio Belén, pero sería en la secundaria en el Rosa de Santa María donde alentada por su profesora de educación física se iniciaría en las competencias atléticas en pruebas de velocidad, salto largo y salto alto.

“Fue en segundo de media, al cumplir los 13 años, que participé en una competencia interna del colegio y creo que allí las profesoras me tomaron atención, antes les había dicho que saltaba más que las alumnas de cuarto y quinto de secundaria, pero no me hacían caso porque era muy chiquilla. Ahí se dieron cuenta de mi talento”, contó Sánchez en una entrevista.

Esa destreza para el salto le valió una invitación para competir en un torneo nacional de atletismo. “Prácticamente no había entrenado, no conocía las zapatillas de clavos, ni sabía partir. Así participé por San Marcos y yo misma quedé sorprendida cuando salió en los periódicos: “Julia Sánchez batió record nacional de 100 metros”, recordaría. Ese sería el inicio de una carrera llena de triunfos y satisfacciones.

Los galardones para el Perú fueron llegando a toda velocidad. Julia Sánchez fue campeona en los Juegos Bolivarianos de Lima en 1948 en 50 y 100 metros planos. Ratificaría su clase en el Campeonato Atlético Extraordinario de La Paz y volvería a lo más alto del podio en los sudamericanos de Lima 1949 y Buenos Aires 1952.

En 1951, Herminia Deza recordó que alguna vez en la revista del colegio Rosa de Santa María escribieron como un presagio: “En salto alto y largo y en carrera de velocidad, ganó, como siempre, nuestra conocida alumna Julia Sánchez, que algún día veremos coronada en el campo del deporte internacional”. Y así fue, la saeta de América escribió en pistas peruanas y extranjeras las más gloriosas páginas del deporte peruano.