• JUEVES 7
  • de mayo de 2026

Opinión

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La generación de ideas como poder paralelo

Julio Panduro Chamorro

Periodista y politólogo

El mejor indicador para medir la creciente importancia de los laboratorios de ideas lo brinda el informe 2018 Global Go To Think Tank Index Report, en el que se revela que Estados Unidos posee el mayor número de estas instituciones, con 1,872, seguido de lejos por China, con 512, y por el Reino Unido, con 444. Los tres primeros lugares confirman que las naciones más poderosas del mundo le dan una consideración superlativa a los think tanks y a las propuestas que de ellos emanan para fortalecer su posición en la comunidad internacional.

Solo en la nación norteamericana vemos que grandes decisiones o la ejecución de líneas de trabajo en los últimos 25 años se realizan bajo la influencia de los think tanks, especialmente en materia de política exterior. Así, por ejemplo, la Fundación Heritage, una reputada institución de la derecha conservadora, trabaja activamente en la articulación y promoción de la política externa del presidente Donald Trump.

Otros ejemplos en la mayor potencia militar y política del mundo los vemos en el expresidente George W. Bush, quien decidió invadir Irak en el 2003 presionado por una apabullante campaña de think tanks, como el Proyecto para el Nuevo Siglo Estadounidense, vinculado con sectores neoconservadores. En el caso de su antecesor, Bill Clinton, el exgobernante demócrata confesó públicamente que su política hacia los Balcanes en la década de 1990 recibió influencia directa del libro Fantasmas balcánicos, del influyente generador de ideas Robert D. Kaplan.

¿Estamos, pues, siendo gobernados por un poder paralelo, por un conjunto de intelectuales y académicos que susurran consejos o ejercen presión sobre el gobernante elegido por la ciudadanía? Si bien los inicios de los think tanks se ubican en el ámbito militar, poco a poco han ido diversificándose a una enorme variedad temática, de tal manera que han sabido responder a los desafíos de la globalización, abriéndose hacia nuevos espacios de acción que ya no dependían exclusivamente de los gobiernos.

Además, sus campos de actuación y objetivos se han ampliado también desde círculos más académicos o distintos sectores de la sociedad civil, lo cual favoreció un notable desarrollo del accionar transnacional y privado de nuevas entidades no gubernamentales dentro y fuera de las fronteras.