• JUEVES 7
  • de mayo de 2026

Opinión

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Permisión de una sociedad agresiva

Julio Panduro Chamorro

Periodista y politólogo

Los casos son numerosos, pero los más controversiales corresponden a Silvana Buscaglia Zapler, quien agredió a un policía de tránsito en el aeropuerto Jorge Chávez; Manuel Liendo Rázuri, el hombre que apuntó con un arma de fuego a otro conductor que le reclamó una falta de tránsito; y más recientemente, Zuleika Alatrista Andia, la ingeniera que golpeó e insultó a una trabajadora municipal; Julio César Rojas, sujeto que amenazó con mostrar sus genitales a una joven; y Olga Poblet Sullaza, que impidió subir a un ascensor a un padre con su bebé en coche.

Cabe preguntar si estas conductas están aumentando en desmedro de la cultura cívica y el buen convivir de las personas, o es que siempre estuvieron presentes en nuestra sociedad, pero que nunca pudieron ser visibilizadas hasta que el llamado reporterismo ciudadano ha permitido grabarlas con teléfonos celulares y luego propalarlas por internet.

No se trata de casos aislados, evidentemente. A diario se observa en las calles esta actitud a la defensiva de las personas, sin ningún tipo de diferenciación porque los ataques provienen tanto de hombres como de mujeres, así como de profesionales instruidos y hasta jóvenes que carecen de educación superior. Es una suerte de idiosincrasia de violencia que ya no solo se circunscribe a Lima, sino que también se ha extendido a otras regiones del país.

Es posible que estos comportamientos se multipliquen porque los testigos lo permiten. En lugar de grabar la agresión y permitir que la violencia prosiga, es mejor que los ciudadanos unan esfuerzos para que el agresor cese y prefiera retirarse del escenario. Y no basta con que sea uno o dos defensores, sino el conjunto de gente que presencia el hecho, y así dejar la deplorable costumbre de mirar a un costado en una actitud egoísta de “ese no es mi problema”.

¿Cuál es el diagnóstico de esas conductas? Los psicólogos sociales, los antropólogos, los sociólogos y todo aquel profesional que estudia el comportamiento humano, como individuo o como colectivo, deben hacer una investigación sobre esta situación de la cual nadie está exento, y proponer sugerencias que puedan ser recogidas por las autoridades pertinentes, como las del Ministerio de Educación, a fin de iniciar campañas de concientización en los medios de comunicación y en las redes sociales.

De no hacer algo, seguiremos siendo permisivos con una sociedad cada vez más agresiva.