• SÁBADO 4
  • de abril de 2026

Opinión

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Frustrada reconquista del Tawantinsuyo (I)

José Vargas Sifuentes

Periodista

La resistencia del pueblo nativo continuó por casi cuatro décadas: se inició con el sitio del Cusco y Lima en 1536 y concluyó con la decapitación de Túpac Amaru en setiembre de 1572, cuarenta años después de la captura de Atahualpa. Manco Inca, coronado inca por los españoles, se rebeló contra estos por los abusos que cometían y estableció un estado incaico independiente.

Esa epopeya fue una verdadera Guerra de Reconquista del Tahuantinsuyo y constituyó el movimiento de mayor envergadura frente a España durante el siglo XVI, con grupos insurgentes en todo el país, y en el que murieron aproximadamente 2,000 conquistadores, incluidos dos de los Pizarro (Diego y Juan); y decenas de miles de indígenas.

El movimiento ha sido ampliamente estudiado por Edmundo Guillén Guillén, Juan José Vega, Rómulo Cúneo Vidal y Waldemar Espinoza Soriano, entre otros historiadores, que han reconstruido en extenso el decurso de ese movimiento en sus varias etapas.

De acuerdo con ellos, en un principio, el joven monarca de 20 años dio muestras de sumisión, pero se desilusionó por la conducta aberrante (violaciones, robos, torturas, saqueos) de los españoles, incluso él mismo soportó varios ultrajes, y fue dos veces preso y encadenado.

El movimiento abarcaría gran parte del Tahuantinsuyo y duraría ocho años de incansable batallar, con la participación decidida de collas de las jalcas, antis de la Amazonía, yungas costeños y quechuas cordilleranos. Pero no fue secundado en muchas partes debido a la desorganización reinante y al sometimiento de muchos pueblos a los españoles.

La revolución fue resultado de un plan previamente estructurado, que tenía como objetivo destruir los dos centros de poder español en el Tawantinsuyo: Cusco y Lima.

El frente de guerra contra el Cusco fue dirigido por el propio soberano, y el frente contra Lima fue encomendado al general Quisu Yupanqui.

La primera intención de Manco Inca fue distanciar físicamente a los españoles, que ya estaban enfrentados entre sí: almagristas contra pizarristas. El enfrentamiento se originó cuando el rey de España dividió el Tahuantinsuyo en dos gobernaciones: Nueva Castilla para Pizarro y Nueva Toledo para Almagro. Ambos se disputaban el Cusco como capital de sus territorios.

Para ahondar la división, enviados de Manco Inca difundieron la versión de que Chiri (hoy Chile) era tan rico en oro y plata como el Perú. Pizarro dio crédito a esa versión y auspició el viaje de Almagro al sur: anhelaba alejar a su socio y rival. Lejos estaban ambos de la intención del inca de atacarlos cuando estuvieran lejos uno del otro.

Manco Inca planeaba aniquilar a los que viajaban con Almagro, en Chile, donde actuaría como principal conspirador el intérprete Felipillo, quien al ser descubierto tendría cruel muerte.

La estrategia falló por la presencia de su medio hermano Túpac Paullu, quien decidió acompañar a Almagro y frustró la ejecución del plan.

A fines de abril de 1536 comenzó la concentración en torno al Cusco con fuerzas provenientes de los cuatro suyos. Se estima que llegaron 400,000 indios, aunque algunos cronistas señalan que fueron la mitad.

A principios de mayo de 1536 Manco Inca inició el ataque al Cusco, tomando primero Sacsayhuamán, donde derrotó a los cañaris que habían sido conminados por los españoles a defender esa fortaleza.

La situación militar era tan desesperada que los españoles recurrieron a una estratagema que los salvaría: simulando una retirada general tomaron el camino del Chinchaysuyo, y cuando los quechuas abandonaron la fortaleza para perseguirlos, los contraatacaron con su caballería y artillería causando gran mortandad.

En la confusión, los sobrevivientes se refugiaron en Sacsayhuamán. Al finalizar mayo (1536), Hernando Pizarro ordenó tomar la célebre fortaleza. Tras una lucha de tres días, los hispanos lograron su objetivo, con la muerte de miles de nativos y una veintena de españoles, entre ellos Juan Pizarro, hermano del conquistador.

Los españoles se admiraron de la defensa que hizo de uno de los torreones un guerrero al que se quiso capturar vivo. Pero el orejón quechua se arrojó al vacío antes que sufrir la humillación de la derrota. La historia lo recuerda como Cahuide.