• JUEVES 11
  • de junio de 2026

Opinión

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REFLEXIONES

La responsabilidad social de los medios

Sergio Salas

Abogado, Músico criollo

Hace un tiempo se generó un debate respecto de los programas de televisión llamados realities y el contenido altamente sugestivo que contenían. Cuando a los involucrados se les preguntaba sobre este cuestionamiento, la respuesta que muchos dieron fue: “Si no les gusta, que cambien de canal”. Si la cosa fuera así de fácil, ¿qué haríamos con el mandato constitucional antes citado?

Quien tiene la posibilidad de estar frente a una cámara de televisión, un micrófono de radio o cualquier otro medio de comunicación, automáticamente tiene en sus manos un poder diferente al resto, es el poder de comunicar, de transmitir un mensaje a la gente. Por más chico que sea un programa de TV o de radio, o una columna en un diario, siempre habrá alguien que lo vea, que lo escuche o que la lea. Es decir, se comenzará a formar una audiencia en torno a esa persona y a sus opiniones.

Cuando hablamos de la televisión y sus personajes, además, hay una especial admiración por esas personas que tienen gran alcance mediático. Yo vengo diciendo y sostengo que para que este país crezca no podemos dejar todo en manos del Presidente, los ministros, los congresistas y cuanto funcionario tengamos. Para lograr un cambio verdadero, nosotros, los ciudadanos de a pie, tenemos que ponernos la camiseta y cambiar también. Siendo ello así, ¿no sería fantástico que aquellas personas que son figuras mediáticas, además de cumplir con su papel de conductor o chico (a) reality, se pusieran la camiseta del Perú y coadyuven a la educación y la cultura, tal como lo manda la Constitución? Para mí, sí lo sería.

Para que el lector se sitúe en contexto, la dinámica en los medios la manda la publicidad. Es verdad que los medios de comunicación (salvo los estatales) son negocios privados, y como tales buscan incrementar su rentabilidad, es decir, generar más dinero para pagar las planillas, hacerse de equipos, mantenimiento de instalaciones y, en general, más ganancias para los dueños. Entonces, para asegurar ese ingreso de dinero, es conveniente contar con auspiciadores y/o anunciantes. Los segundos en televisión cuestan y el precio varía dependiendo del horario en que se elija transmitir. Aquí literalmente aplica el dicho “el tiempo vale oro” y es lógico que traten de aprovecharlo lo más que se puede. Pero no todo en este mundo es dinero y creo firmemente en que uno de los objetivos del ser humano es hacer algo por su país. Ello implica no ser egoísta y ser más solidario, algo difícil pero no imposible. Qué pasaría si en los programas, antes de ir al comercial, una de sus figuras aparece dando un mensaje que ayude a la sociedad como: “no botes basura en la calle”, “donando un órgano salvas una vida”, “cede el asiento a quien lo necesite”, “no aceleres en la luz amarilla”, “no te pases la luz roja”, “baja del ómnibus solo en los paraderos”, “respeta la velocidad”, “respeta la ventanilla preferencial”, “declara tus impuestos”, “a la droga dile no”, y tantos mensajes más. Solo serían unos pocos segundos, pero todo el Perú los vería. Los niños y jóvenes verían a sus ídolos aconsejándolos a hacer cosas buenas, a ser mejores ciudadanos, a dar ejemplos de bien. Utilizarían ese poder mediático no para contar chismes o exponer sus relaciones amorosas, sino para contribuir con la sociedad. Alguno dirá “no me pagan para eso”. Yo respondería “para ser buen peruano no se requiere recibir dinero a cambio”. Es cuestión de decisión, de desprendimiento de parte de los dueños de los medios y de los personajes, es cuestión de ganas y de voluntad.

En una época en que las personas viven pendientes del celular y recibiendo permanentemente información, qué bueno sería que parte de esa información aportara beneficios a nuestra sociedad y que con ello podamos contribuir con ese mandato constitucional que parece escondido en un rincón del mencionado artículo 14.

Entonces, la respuesta no es “si no te gusta cambia de canal”, la respuesta debe ser “me pongo la camiseta y colaboro, dejando de pensar en mí para pensar en los demás”. Mañana más tarde, cuando el cuarto de hora mediática haya pasado, la mayor satisfacción será haber sembrado valores en otros, haber dejado algo bueno. Eso es ser buen peruano.