Opinión
Sergio Salas
Abogado, Músico criollo
Si en la actualidad sintonizamos un programa radial de música criolla, escucharemos que las grabaciones que se colocan son las mismas que se transmiten desde hace 60 años. Artistas fallecidos, las mismas canciones que se repiten una y otra vez. Y no es que no haya discos nuevos, porque los hay, pero las radios comerciales no hacen caso a los artistas nuevos. Les explico cómo funciona el asunto.
En la radio existe una computadora en la que se han programado 100 canciones criollas, y el que ha hecho esa programación selecciona las canciones que son clásicas. Son las que escuchamos todo el tiempo.
Por otro lado, los locutores no cumplen el papel que sí cumplían personajes como don Guillermo Rosemberg, quien daba referencias de la canción, el artista o la grabación antes de ponerla. Presten atención y verán que los locutores de música criolla de ahora intervienen solo 30 o 40 segundos después de dos o tres canciones.
Ya son décadas de marginación las que sufren los artistas criollos por parte de las radioemisoras, y eso definitivamente afecta. El CD que con tanto esfuerzo y dinero realizamos nunca ve la luz en la radio comercial porque no hemos tenido la suerte de ser artistas en los 50 o 60. Entonces, ¿qué podemos hacer?
La radio es un negocio y, como tal, busca maximizar sus utilidades. Eso es lógico. Quienes la dirigen tienen la idea de que la música criolla del recuerdo es la que consume más gente. Y es verdad, porque esa gente no tiene oportunidad de conocer qué más hay. Entonces, ¿cómo rompemos ese círculo vicioso?
Veo dos posibilidades. La primera es comprar espacios para que transmitan nuestras canciones. Es decir, invertir. La radio comercial quiere dinero, y un artista quiere que pasen sus canciones. Bueno, tal y como si fuera un auspiciador, el artista puede comprar un espacio dentro de la programación, asegurando así la transmisión de sus canciones.
Esto es perfectamente lícito en una sociedad que se rige por el libre mercado. Así gana la radio y gana el artista, pues ambas partes consiguen lo que buscan. Evidentemente, el artista tiene que aprovechar esa difusión que la radio hará, para “moverse” y conseguir contratos, presentaciones.
El ingreso económico de los artistas hoy no es por la venta de discos, sino por el número de presentaciones. Al contrario, si el artista “se queda”, su inversión habrá sido en vano. Por eso siempre recomiendo una estrategia de trabajo seria, no improvisada. El que quiere celeste, que le cueste. Lo que pasa es que muchos criollos (y me incluyo), amparados en el discurso de que “la música criolla es cultura”, hemos creído que los medios están en la obligación y el deber de difundirla, y no es así. Esta es una idea heredada desde la dictadura militar.
La segunda posibilidad es más complicada y difícil, pero no imposible: llamar la atención de los auspiciadores de esos programas. ¿Y cómo hago eso? Llamando la atención de los oyentes. ¿Y cómo hago eso? Usando adecuadamente las redes. Por medio de las redes, uno puede generar la atención de los oyentes (captar audiencia), y poco a poco ellos pedirán a las radios que transmitan las canciones de esos artistas nuevos. Pero el contenido producido por dichos artistas podría ser exclusivo, es decir, estar solo en sus canales de Youtube o páginas de Facebook. Por lo tanto, quienes quieran oírlos tendrán que dirigirse a sus páginas para disfrutar de su música; y cuando hayan atraído a suficiente audiencia podrían invitar a los auspiciadores a que, en lugar de poner el dinero en programas con música antigua, inviertan en estos nuevos formatos. Si se logra, la radio habrá perdido oyentes y auspiciadores, y tendrá que sentarse a conversar con “los nuevos artistas” para poder transmitir su material a través de sus ondas. Es difícil, pero no imposible.
Antes de terminar, y como siempre hay excepciones, quiero mencionar a los pocos programas que, hoy por hoy, apoyan desinteresadamente a los artistas criollos y por ello sus integrantes tienen mi amistad y agradecimiento sincero: En escena, con Johnny Padilla, Otra vez Avilés, con Lucy Avilés; El heraldo musical, con Celeste Acosta, Un encuentro con nuestra música criolla, con Daniel Alejos Cornelio; Déjame que te cuente, con Teresa Fuller Granda, y Súbele el volumen, con Marco Romero.
Ya llevamos 19 años del nuevo milenio y no estoy dispuesto a esperar más tiempo. Por lo menos, yo pondré en marcha mi plan. ¡Síganme los buenos!