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  • de marzo de 2026

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El país del santo ausente

Teatro y memoria: Yuyachkani repone Santiago

José VadilloVila

jvadillo@editoraperu.com.pe



El viento ulula, barre los ripios de la soledad entre las bancas desvencijadas. El olor a incienso se eleva con las llamas de cirios y candelabros ahuesados. El templo es cristiano. El violín convoca al charango, al acordeón, a los personajes. Una triada final de pobladores de un pueblo de sombras, herido por la guerra interna, huérfano pajarillo. El Guardián, la Madre y el Mayordomo, en quechua y castellano, se confrontan con las andas del apóstol Santiago, un caballo sin venerable. No sé si querré acordarme del sitio de mi estatua. ¿Tú sabes dónde está la llave? Él sabe. Escudriñan para calzar al santo y sacarlo en procesión después de 15 años. ¿Patrón Santiago, estás ahí? La estatua del moro que el santo soberbio llevaba bajo las patas delanteras tampoco está. Santiago, santo soberbio, el mataindios. Entonces ella preguntará como quien ve el tiempo, como quien pregunta por sus mellizos que no volvieron. La guerra terminó, ¿pero cuándo llegará la paz? Usted, espectador, ¿puede ensayar una respuesta?

Viajes con Santiago

Hacía una década que los Yuyachkani (“estoy recordando”, en quechua) no montaban Santiago. La mayoría de sus textos está en quechua. Este marzo, a lleno total, la estrenaron por dos fechas en el Gran Teatro Nacional, con ocasión del Día Mundial de Teatro.

También, por primera vez, la obra llegó a la Ciudad Imperial para el Festival de Artes Escénicas. Fueron otras dos funciones con el Teatro Municipal del Cusco repleto.

Era un pendiente de los Yuyas montar en el Cusco, ya que la imagen inspiradora del apóstol Santiago está tomada de la festividad del patrón Santiago, cuya imagen ecuestre, con capa y espada desenvainada, sale en procesión cada 25 de julio del distrito epónimo. Los Yuyas investigaron sobre la festividad para elaborar esta obra colectiva que coescribieron con Peter Elmore, viejo colaborador del grupo teatral.

“No es una estampa de la imagen de Santiago. Plantea muchas interrogantes al espectador. Es un llamado a la tolerancia. Habla de la posguerra en el Perú. Tiene muchas lecturas”, reflexiona Amiel Cayo, quien junto a Ana Correa y Augusto Casafranca demuestra el nervio de los Yuyachkani en escena.

Amiel Cayo recuerda cuando estrenaron la obra en el 2000: estaban en plena temporada, reflexionando desde escena sobre el país, cuando Alberto Kenya Fujimori “hacía como que”, con la policía, buscaba a su asesor presidencial, Vladimiro Montesinos.

En estos años, el emblemático colectivo actoral no solo ha integrado Santiago a su repertorio. Estrenó la obra en Ayacucho, Huancavelica, Puno y Sicuani. También lo llevaron a Chile, Estados Unidos, España.

“No lo hemos movido mucho porque es un supermontaje; cuando fuimos a Estados Unidos, tuvimos que enviar el caballo por barco con meses de anticipación. A España enviamos los planos y allá se construyó el caballo, nosotros llevamos al Apóstol Santiago en la maleta y luego lo ensamblé”, cuenta Amiel. Hay pedidos de festivales en Bolivia y otros países para llevar Santiago el próximo año.

El actor puneño, que estuvo 20 años con los Yuyas, está dando pasos agigantados en su filmografía (es protagonista del premiado filme Retablo) y ahora es un artista de cine que participa regularmente de las puestas de Yuyachkani –“mi segunda familia”– y desarrolla a la par otros proyectos culturales, sobre todo en Puno y Cusco.

2021, año especial

“Amiel creó esta obra, no la podemos hacer sin él. Ha vuelto al grupo para esta temporada”, cuenta Miguel Rubio, director de Yuyachkani, orgulloso del crecimiento actoral de Cayo.

Explica que la reposición de Santiago es parte de la agenda que Yuyachkani organiza con miras al bicentenario de la independencia y los 50 años del grupo. Así que 2021 será motivo de doble celebración. (En el 2017, el colectivo estrenó Discurso de promoción, su creación colectiva más descarnada y reflexiva a partir de un cuadro del pintor Juan Lepiani).

“Santiago vuelve a la casa donde se creó, 19 años después. Esta obra es del 2000 y tiene que ver con el conflicto armado. La violencia en el Perú no la podemos mirar solo entre los años 1980 y el 2000. Sino que hay deudas, problemas y encrucijadas no resueltos”, comenta el director.

48 años en actividad artística ininterrumpida suman los yuyas.