El tradicional distrito del Rímac es un espacio de carácter monumental e histórico que conserva casonas con balcones, conventos e iglesias de la época colonial; su recorrido popular incluye el convento de los Descalzos y la alameda Chabuca Granda; sin embargo, existe también un atractivo espacio en el distrito limeño, detrás de las nubes costeras, que cautiva de mayo a noviembre por el verdor de sus cerros, un peculiar ecosistema que embellece el panorama en las alturas: Las Lomas de Amancaes.
Este escenario que parece irreal entre el concreto, se extiende en 237 hectáreas de área natural. Para recorrerlo, hay dos rutas: una que dura 3 horas de caminata, y otra de 5 horas. Ambas permiten acercarse a este ecosistema y descubrir un espacio biodiverso conformado por taras, ortigas negras, papayas silvestres (mito), papas silvestres, tomates silvestres, begonias, la flor de Amancaes, así como otras especies de flora. Además, podemos hallar durante nuestro recorrido a la vizcacha, un hermoso roedor parecido a la ardilla.
El periplo
Para subir a las lomas desde el distrito del Rímac hay que utilizar transporte público e ir hasta el paradero final en la zona de Flor de Amancaes. Y si visitan las lomas en octubre tengan en cuenta el recorrido de la procesión del Señor de los Milagros. Una vez en el lugar, deberán cruzar un camino empinado y lodoso de la ciudad, el que se atraviesa hasta la entrada de las lomas en cerca de 10 minutos. Y aunque la ruta parece ser tediosa, el contraste del concreto con la vegetación la vuelve placentera.
Durante mi recorrido, Haydee Cerrón hace la función de guía turística, y aunque aclara no ser sino una orientadora local, presiento que conoce al detalle cada rincón. Sus historias y anécdotas me motivan a conocer más de este paraíso. Ella preside la Asociación Protectores Ambientales de la Flor y Lomas de Amancaes (Pafla), organización que promueve la conservación de este espacio en el sector del Rímac.
Flor de Amancaes
La historia refiere que en los tiempos de la Colonia la flor amarilla pobló el valle de Amancaes en el Rímac, pero con el paso de los años y la invasión de nuevos pobladores, la flor desapareció por largo tiempo. Esta flor fue la protagonista de la Fiesta de Amancaes, la principal celebración de la ciudad que se realizó desde la época colonial hasta inicios del siglo XX, en junio. Es quizá por su historia que Haydee no perdió la esperanza de ver crecer la flor de Amancaes en la loma que defiende.
En el 2014 plantó 100 bulbos donados por las Lomas de Lúcumo, “fue el 8 de junio del 2014 que Pafla reinsertó la flor de Amancaes en las lomas después de muchos años”, recuerda y no puede evitar que sus ojos se iluminen.
Tome nota
El trabajo de Pafla es posible por el soporte de aliados como el Centro Urbes, una ONG que plantea la preservación de ecosistemas cercanos a la ciudad, condición que los pone en peligro, como advierte el ingeniero ambiental Franz García.
También se accede por San Juan de Lurigancho (gracias a la organización ambiental Haz tu mundo verde.
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Pafla.
Para más detalles sobre el trabajo de conservación de las Lomas a nivel Lima Metropolitana contacte con
Centro Urbes.
Las Loma de Amancaes abarca también los distritos de Independencia y San Juan de Lurigancho.