• SÁBADO 14
  • de marzo de 2026

Opinión

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Historia

Lenguas supérstites del Tahuantinsuyo

José Luis Vargas Sifuentes

Periodista

¿Alguna vez nos hemos preguntado qué lenguas, dialectos o idiomas se hablaban durante la época de los incas? Según diversos cronistas e historiadores, los idiomas que se hablaron en el incario fueron: quechua, aimara, puquina, yunga o mochica, sec, quingnam, culli o kulli, lengua pescadora, chumbivilca, lupaca, tampu, kauki o jake aru y el uru. A estas se sumaban otros dialectos, que Bernabé Cobo calculó en más de 2,000, incluyendo los que se hablaban en la región amazónica.

El quechua, conocido como runa simi o ‘lengua del hombre’, tenía variantes regionales como el chinchay-suyu, el huanca y el chanca, y era el más difundido y con mayor número de hablantes.

Segundo en importancia era el aimara, seguido por el puquina, lo que se deduce del hecho de haber sido el tercero de los idiomas al cual se tradujo la Doctrina Cristiana.

El cuarto parece haber sido el yunga o mochica, impuesto por la dinastía Chimor en todo su imperio, que abarcaba 15 valles costeños, desde Tumbes hasta Lima.

También se hablaba el quingnam, lengua precolombina del norte del Perú. Era hablado por la etnia chimú, que vivía en los territorios mochicas: al norte del valle del río Chicama y del río Jequetepeque, y en el distrito limeño de Carabayllo, al sur.

Los lingüistas han encontrado que el quingnam estuvo relacionado con el lenguaje de los moches, mochicas o muchik. Los chimúes hablaban muchik como el lenguaje común. El quingnam solo fue hablado por los chimús de élite en los territorios pertenecientes al Imperio chimú. Esta lengua se extinguió tras la llegada y asentamiento de los españoles en territorio chimú.

Las otras lenguas tuvieron una menor difusión. Así, el sec parece que se hablaba desde Piura hacia el norte; y la pescadora en un sector de la costa norte.

El kulli fue hablado en el Callejón de Huaylas y era propio de los indios huamachucos, en La Libertad. De esta lengua quedan solo unas docenas de palabras recopiladas por el obispo Baltazar Jaime Martínez Campañón, en el siglo XVIII.

El chumbivilca fue la lengua de los pobladores de la provincia del mismo nombre en el Cusco y zonas aledañas; el kauki se hablaba en las provincias serranas de Lima, quedando todavía rezagos en el pueblo de Tupe, en Yauyos.

El lupaca se hablaba en una parte del Altiplano del lago Titicaca; y el uru, poco estudiado y en proceso de extinción al igual que los que aún lo hablan, entre Puno y el río Desaguadero.

También había el tampu, un dialecto del quechua hablado, como jerga o argot, por los reyes incas y la nobleza. Según el padre Cobo esta lengua distinta la usaban entre sí, cuando trataban y conversaban con los de su linaje. Esa lengua particular fue confirmada por Alonso Topa Atau, nieto de Huayna Cápac, y parecía ser la misma que se hablaba en el valle de Tampu.

Garcilaso dice que ese lenguaje secreto desapareció con la caída del emperador y su corte. Quedan vestigios de él en los nombres y sobrenombres de algunos incas, aunque sin traducción en el quechua común.

La difusión del quechua impuesto por los incas, y luego la castellanización de nuestras tierras tuvo como consecuencia la desaparición de numerosas lenguas menores.

De los idiomas y dialectos citados anteriormente, solo sobreviven el quechua, el aimara y el kauki. Quedan como recuerdo reducidos vocabularios y gramática del yunga, cortos léxicos del culli, breves textos del puquina y absolutamente nada del sec, quingnam, la lengua pescadora, lupaca, tampu y el chumbivilca.

Sin embargo, la multitud de lenguajes hablados por los pueblos de la selva se encuentran casi intactos desde hace siglos, gracias al escaso contacto con el resto de la población al otro lado de los Andes.

Fue el quechua el lenguaje patrimonial del pueblo inca. Diversos estudios coinciden en que fue hablado inicialmente por los chancas y difundido durante la vigencia del Imperio huari.

Los huari hablaban una variante del quechua que se mezcló con la del Cusco, y originó el quechua que se difundió por todo el imperio.

El quechua fue intensamente difundido durante los 500 años de duración del Tahuantinsuyo, cuyos dominios se extendieron hasta Argentina, Chile y Ecuador, y según Luis E. Valcárcel sus excelencias quedaron demostradas durante el dominio español, y era cultivado en universidades y conventos como el medio más eficaz de cristianización.

Lo cierto es que el quechua y el castellano han sabido convivir juntos, y el primero ha logrado introducir en el segundo un considerable número de voces admitidas por la Real Academia Española.

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