Central
Hoy que se agigantan personajes cuando la patria va rumbo a sus 200 años, conviene recordar la figura del ilustre intelectual arequipeño, fallecido hace 54 años, padre del concepto de “peruanidad”, autor de “La realidad nacional” y figura vital de la Generación del 900.
“Es tiempo de ocuparnos de este grande y amado enfermo que se llama el Perú”.
–Víctor Andrés Belaunde (La Crisis Presente, 1914).
![]()
Como parte del Bicentenario de la Independencia Nacional, que celebraremos en el 2021, distintas instancias del Estado y la sociedad civil desarrollarán una importante agenda de actividades para reflexionar sobre los avances alcanzados por el Perú desde su fundación como República y los retos y compromisos para el próximo centenario de la patria.
Es en torno a la reflexión sobre los problemas del Perú que la figura de Víctor Mario Rafael Andrés Belaunde Diez-Canseco (1883-1966), o simplemente Víctor Andrés Belaunde, alcanza especial significado.
Y es que Belaunde ha sido uno de los intelectuales peruanos más ilustres, no solo por las propuestas realizadas para solucionar los problemas nacionales más urgentes, sino también por la vastedad de los campos que merecieron su dedicada atención, así como por los distinguidos cargos que asumió en los ámbitos nacional e internacional durante su vida.
Padre de la peruanidad
Uno de sus aportes más conocido es el término “peruanidad”, como concepto globalizante de todos los aspectos que singularizan lo peruano respecto de connotaciones de otras nacionalidades.
![]()
Sin embargo, conviene precisar que la obra y pensamiento de este pensador arequipeño trasciende a distintos ámbitos del conocimiento, como el Derecho, la Historia, la Sociología Nacional, la Literatura y las Relaciones Internacionales, entre otros.
Incluso, el tema de la corrupción del Estado y la amplitud de su impacto, que se constituye en el problema nacional actual más importante –lo precisa la Encuesta Nacional IEP de julio de este año–, no estuvo ajeno al pensamiento avanzado de Belaunde, quien propuso como condición “la absoluta honradez” de sus ciudadanos en el ideal de “salvar al Perú”.
Hombre de su tiempo
Belaunde Diez-Canseco nació en Arequipa el 15 de diciembre de 1883, pocas semanas después de la firma del Tratado de Ancón, instrumento que puso fin a la Guerra del Pacífico, pero con el que comenzaría una de las etapas más complejas de nuestra historia: la de la reconstrucción de un país devastado por la guerra y la confrontación interna y el de la recuperación de las dos provincias cautivas, Tacna y Arica. A estos dos objetivos, Belaunde les dedicaría su vida y lo mejor de sus capacidades, con sus singulares aportes.
![]()
Así, al tema de la reconstrucción nacional y la confrontación interna el pensador arequipeño contribuyó con sus innumerables propuestas y reflexiones en los ámbitos político y jurídico, las ciencias sociales y la ética, en especial la socialcristiana, tanto en sus escritos como en la vida pública, sobre todo desde la cátedra universitaria, primero en la Universidad de San Marcos y después en la Universidad Católica. Incluso, en el ámbito político, Belaunde tuvo labor activa por medio de su participación en el Partido Nacional Democrático junto con Riva Agüero y como representante por Arequipa al Congreso Constituyente (1931-33).
A la restitución y consolidación territorial, Belaunde le dedicó también incontables esfuerzos estudiando y preparando los sustentos históricos y jurídicos sobre los que se fundamentaría la defensa de los derechos peruanos en la definición de sus fronteras con los países vecinos.
Joven diplomático
En este esfuerzo, fue trascendente su incorporación a la Cancillería, en 1903, cuando tenía solo 20 años, para trabajar en el Archivo de Límites del Ministerio de Relaciones Exteriores.
![]()
Allí, Víctor Andrés desplegaría sus mejores capacidades y dedicación para documentar los derechos territoriales del Perú ante los litigios que pronto se vendrían con Bolivia, Colombia y Chile. Su paso por las misiones diplomáticas peruanas en Argentina y España lo destinaría a completar la recopilación de documentos y redactar la versión final de la memoria de la defensa peruana.
Por último, y como cumbre de su carrera como jurista al servicio del Perú, Belaunde prestaría importantes contribuciones a las Naciones Unidas, tanto en su período de formación como en su desarrollo, llegando incluso a fallecer (hace 53 años) en Nueva York mientras desarrollaba funciones como representante peruano, el 14 de diciembre de 1966.
No creemos equivocarnos si decimos que el jurista arequipeño prefirió que la muerte lo sorprendiera mientras servía a la Patria que tanto amó y sirvió toda su vida.
Compromiso intelectual
Como lo mencionamos, el nacimiento de Belaunde coincidió con una época muy difícil pero muy singular en la historia peruana, cuya superación conllevaría enormes sacrificios a varias generaciones de compatriotas.
Fueron justamente estos tiempos difíciles los que coincidieron con el nacimiento de un grupo de destacados intelectuales que reflexionaron, no obstante, su juventud, de manera sistemática acerca de la realidad del Perú, sus problemas y su porvenir.
Generación del 900
A este grupo de intelectuales se le llamó Generación del 900. A ella pertenecieron Víctor Andrés junto con José de la Riva-Agüero y Osma (1885-1944), los hermanos Francisco (1883-1953) y Ventura (1886-1959) García Calderón, Luis Fernán Cisneros (1882-1954), Julio C. Tello (1880-1947) y Óscar Miró Quesada (1884-1981).
El activismo intelectual de Belaunde se desarrollaría también en las aulas universitarias, primero como alumno, tanto en la Universidad Nacional de San Agustín como en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Luego, como maestro, en su alma mater sanmarquina, primero, y luego en la PUCP, una vocación que ejercería durante su vida.
Su capacidad e inquietud intelectual le permitió que obtuviera los máximos grados académicos en tres disciplinas distintas: doctor en Jurisprudencia (1908), doctor en Ciencias Políticas (1910) y doctor en Letras (1911).
![]()
Su activismo desde la cátedra universitaria y desde la revista Mercurio Peruano, cuya tercera reaparición promovió en 1918, tuvo por norte denunciar la abusiva persecución política y la mordaza a la prensa implementada por el gobierno de Augusto B. Leguía, lo que le valió ser encarcelado en la isla San Lorenzo y sufrir posterior destierro, en 1921.
No obstante su amplia producción bibliográfica, “La realidad nacional”, aparecida en París en 1931, es la obra central para conocer el pensamiento de Belaunde y sus propuestas de solución a los problemas del Perú. Es una obra que todo peruano debería leer desde la escuela.
Al respecto, la conmemoración del bicentenario es una importante ocasión para difundir y ampliar el conocimiento de la obra de este pensador arequipeño, especialmente entre los jóvenes y estudiantes. Y reflexionar acerca de la vigencia de muchos de los problemas nacionales que, no obstante dos siglos de vida independiente, persisten. (Elvis Tuesta Cuadros, diplomático).