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189 AÑOS DE LA MUERTE DE SIMÓN BOLÍVAR

El Libertador revisitado

José VadilloVila

jvadillo@editoraperu.com.pe

"No existe figura en la historia de Inglaterra o de Estados Unidos que viva hoy en la conciencia del pueblo como Simón Bolívar existe en la conciencia de millones de sudamericanos”.–Thomas Rourke


1.- “Después de defender, sobre todo, el derecho de América a ser libre, murió del pesar del corazón más que del mal del cuerpo: murió pobre y dejó una familia de pueblos”, escribió el cubano José Martí sobre Simón Bolívar.

El genio militar, el seductor, el orador; admirado por Lord Byron, Alexander von Humboldt, Johann Wolfgang Goethe y Simón Rodríguez, atravesó la cordillera colombiana y, tal como lo contaría Gabriel García Márquez en El general en su laberinto, falleció el 17 de diciembre de hace 189 años, con un peso de liviandad, desmedrado, “a la una y siete minutos de su tarde final” en la quinta de San Pedro Alejandrino, frente al mar Caribe.

El poder le había dado la espalda a El Libertador en mayo de 1830, aunque recordaría siempre “las dianas inmortales de Junín”. Con la ignominia sobre los huesos, al político y militar venezolano le sobrevino una depresión mientras avanzaba por el río Magdalena rumbo a su último destino, Santa Marta.

La polémica de la causa de muerte de El Libertador se reanudó en el 2010 cuando el Gobierno de Venezuela exhumó sus restos para saber si fue asesinado o falleció de TBC.

Una semana antes de expirar había dictado su testamento. A José Palacios, su fiel mayordomo, le otorgó 8,000 pesos; a sus hermanas, las minas que había heredado de su abuela. Simón nació en cuna de oro, y su educación, resumen de lo mejor de dos mundos (de los criollos americanos y la europea), le sirvió para conquistar con su talento oral a tirios y troyanos.

Llevaba su nombre o iniciales grabadas en las monturas con aplicaciones de plata, en sus relojes de piedras preciosas, o la vajilla con filo de oro. (Hace 13 años llegó a la Benemérita Sociedad Fundadores de la Independencia desde el Museo de Arte Hispanoamericano una colección con una centena de objetos personales del general que demostraban su buen gusto).

En su testamento, se preocupó por el destino de dos joyas bibliográficas que lo acompañaron por toda América, El contrato social y El arte militar de Montecuccoli, ejemplares que habían formado parte de la Biblioteca de Napoleón Bonaparte. Y de devolver la espada con la que su general, José Antonio de Sucre, galopó a la gloria de la batalla de Ayacucho (1824).

2. Tras las entrevistas de los comisionados José Faustino Sánchez Carrión y Joaquín Olmedo, Bolívar llegó al Callao en el bergantín Chimborazo el 1 de setiembre de 1823. Un mes antes, había zarpado de Guayaquil. Al día siguiente de su llegada, fue nombrado por el Congreso Constituyente como “suprema autoridad”: todas las decisiones del presidente Torre Tagle y su gabinete eran consultadas al general grancolombiano. Permanecería tres años en el Perú.

Cada héroe es bifronte. Herbert Morote, en su celebrado estudio Bolívar, Libertador y enemigo N° 1 del Perú (2007), comenta:

“Simón Bolívar solo estuvo tres años en el Perú. Llegó como Libertador en setiembre de 1823, a los cinco meses era Dictador, a los tres años iba a ser Presidente Vitalicio. Nos dio la independencia en 15 meses, a los 20 empezó a cercenar nuestro territorio por la mitad. Apenas llegó abortó nuestra primera constitución, una constitución liberal fruto de debates parlamentarios, más adelante nos impuso sin debate alguno ‘su’ constitución bolivariana. Trajo a sus amigos militares colombianos y venezolanos que mangonearon el Perú, y deportó a los parlamentarios civiles peruanos opuestos a sus ideas aristocráticas, centralistas y vitalicias. Fue recibido como Libertador por la puerta grande. ‘Sin imaginarse que no regresaría más al Perú’ salió a hurtadillas para apagar las revueltas que en Colombia y Venezuela pedían su cabeza”.

3. El sábado 22 de octubre de 1825, el general venezolano Tomás de Heres (1795-1842) publicó en Lima el primer número de El Peruano Independiente por orden de Bolívar.

Ese primer El Peruano era un diario de cuatro hojas. En la primera, además del “Prospecto”, incluía un texto, “Homenage de gratitud”, en el que se exaltaba la imagen del Libertador Bolívar. De Heres envió los ejemplares a El Libertador, quien por entonces se encontraba de gira por el Alto Perú.

La Organización de Naciones Unidas para la Educación, Ciencia y Cultura (Unesco) creó en 1978 el Premio Internacional Simón Bolívar “para recompensar a individuos o instituciones que con sus acciones meritorias hayan contribuido a la libertad, la independencia y dignidad de los pueblos”.

En 1983, año del Bicentenario del Natalicio del Libertador, se dio a conocer a los primeros ganadores. Paradojas, lo recibió el rey de España Juan Carlos I. Frente a los presidentes de Venezuela, Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia y Panamá, dijo: “Bolívar es para nosotros, ante todo, la figura que resume con carácter egregio lo más positivo de aquellos forjadores de nuestra historia común”. El otro premiado fue el presidente sudafricano Nelson Mandela.

Bolívar ha sido considerado el hombre más importante del milenio pasado para América. El fallecido historiador Juan José Vega decía que ese silencio que por décadas quiso llevar al olvido a Bolívar se debía a que las oligarquías tradicionales lo “odiaban”. Gracias a esa negación, tras su salida del poder en el Perú –siguiendo a Vega–, vino la “recaptura” del poder por los mismos grupos hegemónicos.

Si bien su imagen ha sido explotada políticamente, sobre todo por el desaparecido presidente venezolano Hugo Chávez, quien se autodefinía como un continuador de las ideas bolivarianas, a quien llamaba “padre”, existe otro Bolívar, cuya imagen continúa enamorando a generaciones de latinoamericanos.

Lo corrobora la frondosa bibliografía que sigue produciéndose a ambos lados del charco y los bustos en cada pueblo y ciudad de los cinco países bolivarianos. Mirando a los mileniales y centeniales, una serie estrenada este año en la televisión vía streaming trae de vuelta al político y militar, uno de los grandes íconos de nuestra cultura popular.