Opinión
Juan Carlos Capuñay
Embajador del Perú en China, Japón y Singapur
En noviembre del 2019, el Gobierno del Perú suscribió, en el ámbito de la Segunda Expo Internacional de Importaciones de China-CIIE-, celebrada en la ciudad de Shanghái, el Memorándum de Entendimiento para su incorporación a la “Iniciativa de una Franja y una Ruta” (BRI por sus siglas en inglés). Hasta la fecha, más de 20 países de América Latina y el Caribe se han integrado a esta iniciativa.
El BRI fue formulada por el presidente de la República Popular de China, Xi Jinping, en el 2013, durante su visita oficial a Kazajistán. Se trata de un proyecto de conectividad e integración, que privilegia el intercambio comercial, la cooperación y el diálogo intercultural como el sustento a esfuerzos compartidos. Constituye una arquitectura moderna de integración, más allá de las limitaciones de la integración física.
La iniciativa BRI, desde una perspectiva conceptual, es la respuesta al escenario de unilateralismo, proteccionismo, antiglobalización e intolerancia de inicios del presente siglo. Incorpora a la agenda internacional los componentes de una conectividad para el siglo XXI. A decir, la interdependencia, la complementariedad, la inclusión económica y social y la innovación, como los vectores del desarrollo moderno.
Se trata de un foro privilegiado para el diálogo sobre crecimiento y desarrollo, sobre transferencia de conocimientos, sobre cooperación académica y cultural y sobre acceso a importantes fuentes de financiamiento, como el Fondo de Cooperación de la “Iniciativa de una Franja y una Ruta”, el Banco Asiático de Inversiones en Infraestructura y el Nuevo Banco de Desarrollo.
Sería importante en ese sentido iniciar la inserción efectiva de la economía nacional en los mecanismos con que cuenta la iniciativa. A la formulación del presidente Xi sobre la Ruta Marítima de la Seda del Siglo XXI, podría agregarse una “Ruta Digital de la Seda”, que haga uso de medios modernos de comunicación para fines de la asociación del Perú y América Latina con China y el resto del Asia. Ello obviaría la ausencia de una conectividad física con el Asia por medio de un puente digital. El tendido de un cable óptico de comunicaciones entre China y un puerto del Perú haría posible el acceso ampliado a las plataformas electrónicas de comercio, cooperación y asociación empresarial. La empresa de comunicaciones Huawei de China concluyó en el 2018 el tendido de un cable óptico entre América Latina y África, experiencia que podría ser reeditada para el caso del Pacífico desde el Perú. Otro puerto en América del Sur está promoviendo esta misma opción con China.
Finalmente, el Perú es un socio privilegiado para una conectividad con la “Iniciativa de la Gran Bahía”, propuesta del presidente Xi para el desarrollo del sur de China, en el ámbito de nuestra presencia en BRI. La Iniciativa de la Gran Bahía comprende Guangdong, Hong Kong y Macao, origen de la migración al Perú en 1849. El Perú tiene la mayor comunidad de descendientes chinos en América Latina y es el segundo en número de empresas chinas registradas, luego de Brasil. El Perú tiene un Acuerdo de Libre Comercio con China, suscrito en el 2010, que lo ha convertido en su mayor socio comercial, una Asociación Estratégica Integral (2013), un Comité de Diálogo Económico y Estratégico (2014) y un Plan de Acción Bilateral 2016-2021.
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