• MIÉRCOLES 6
  • de mayo de 2026

Política

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Javier Pérez de Cuéllar: En nombre de la libertad

Luis Iparraguirre

liparraguirre@editoraperu.com.pe



Un año antes de que termine la Segunda Guerra Mundial (1939-1945), el joven abogado Javier Pérez de Cuéllar iniciaba su vida como diplomático, carrera que le depararía innumerables reconocimientos personales y llevaría al Perú a encabezar la Organización de las Naciones Unidades.

Estudió Derecho y Literatura en la Pontificia Universidad Católica del Perú, y aunque estuvo cerca de iniciar un camino en las Letras (a los 15 años había publicado un ensayo sobre el autor de las Tradiciones peruanas, Ricardo Palma), fueron las leyes las que marcaron su vida académica y profesional.

Pérez de Cuéllar nació en pleno Oncenio de Augusto B. Leguía. Si bien en su infancia, adolescencia y juventud estuvo “recluido” en Lima, la vida le daría la oportunidad de conocer 110 países durante su exitosa carrera diplomática.


Luego de representarnos en Suiza, Polonia, Venezuela y la Unión Soviética como embajador, desempeñó la más alta encargatura a la que un diplomático aspira: fue durante una década secretario general de las Naciones Unidas.

Invitado de honor

Cuando en febrero del 2011 el entonces secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, visitó el Perú, recibió en la Casona de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos la distinción de doctor honoris causa, su invitado de honor fue Javier Pérez de Cuéllar. El diplomático surcoreano no solo se sintió honrado con la presencia de su colega peruano, sino que también recordó: “Nosotros hemos podido ver y sentir su legado como secretario general”.

Por sus logros en el plano diplomático, le otorgaron el Premio Príncipe de Asturias en Cooperación Internacional en 1985 y en 1988 recibió el Premio Nobel de la Paz que se le otorgó a los cascos azules, las Fuerzas de Paz de la ONU.

De regreso al Perú

Después de tres años de haber sido el hombre que encabezaba la reunión más grande de países del mundo, Pérez de Cuéllar, a solicitud de distintos grupos políticos nacionales, accedió, a sus 74 años, a ser candidato a la Presidencia de la República en 1995, para hacerle frente al entonces mandatario Alberto Fujimori, que buscaba la reelección.

Para ello, Pérez de Cuéllar fundó en 1994 el partido Unión Por el Perú (UPP), liderando la oposición. Sin embargo, Fujimori ganaría en primera vuelta las elecciones con 64% de los votos. Pérez de Cuéllar obtuvo un poco más de millón y medio de votos (21%).

Dos años después se conocería que durante esaa contienda política un equipo del Servicio de Inteligencia Nacional hizo más de mil escuchas de los teléfonos del ex secretario general de la ONU, por órdenes de Fujimori y su oscuro asesor Vladimiro Montesinos.
Y el diplomático peruano más respetado en el mundo sería el primero en anticiparse y dudar sobre la legitimidad que tendrían tres años después las elecciones del 2000, cuando Fujimori intentó la rereelección. 

Nuevo llamado de la patria

Como recordó el novelista y político Mario Vargas Llosa, en enero del 2005, en una de las tantas oportunidades en que se condecoró a nuestro insigne diplomático: “A su retiro de la ONU, hubiera podido dedicar su existencia… a viajar, o a quehaceres prestigiosos y cómodos, como asesorías, directorios, conferencias… en vez de eso, prefirió volver a su país a hacer política, encabezando una campaña presidencial en nombre de la libertad”.
Tras las elecciones de 1995, el diplomático limeño se instaló en París, hasta que el presidente transitorio, Valentín Paniagua, le propuso el 22 de noviembre del 2000 ser presidente del Consejo de Ministros y ministro de Relaciones Exteriores.
Como canciller, Pérez de Cuéllar propició la anulación de la resolución suprema que disponía el cese de funciones de 117 funcionarios diplomáticos de carrera, después del autogolpe de 1992.

“Esta resolución fue arbitraria, inconsulta y una especie de venganza de las autoridades de ese momento contra funcionarios ante los cuales no cabía ningún reproche”, mencionó ante la opinión pública en diciembre del 2000.

Como presidente del Consejo de Ministros, redujo en 424 millones de dólares los gastos militares (2001) y se capturó al exasesor presidencial Vladimiro Montesinos en la Operación Jaque Mate. Tras cumplir ese nuevo encargo de la patria, Pérez de Cuéllar fue nombrado embajador del Perú en Francia, hasta el 22 de julio del 2004, fecha en que se aceptó su renuncia, después de 60 años de servicio diplomático.

Diplomacia en la sangre

Javier Pérez de Cuéllar cree que el hombre es una mezcla del Quijote y Sancho Panza, los personajes icónicos creados por la pluma de Miguel de Cervantes Saavedra. “Son las dos caras de la humanidad: el hombre que sueña y el que sufre la realidad”, explicó.
 En una entrevista que concedió en el 2001, consideraba que “ser patriota es una obligación”, y se catalogaba como un profesional fiel a la orden diplomática “como lo puede ser un franciscano, un jesuita o un mercedario”.
 
Lucidez de lo vivido

Durante su siglo de vida ha recibido más de 40 doctorados honoris causa de las más prestigiosas universidades del Perú y del mundo, además de condecoraciones de diversos países. Ha visto dictaduras, matanzas, secuestros, golpes de Estado, firmas de paz y declaratorias de guerra, como el inicio y el fin de la Segunda Guerra Mundial.

Si bien había publicado dos memorias (Peregrinaje por la paz es, de las dos, la más reconocida internacionalmente; fue publicada en inglés y castellano) y dos libros de diplomacia, en el 2014, a sus 94 años, empezó su faceta como literato, con la publicación de la novela Los Andagoya, ambientada en los años treinta en Lima y los balnearios de Barranco y Miraflores. 

En el plano personal, nuestro embajador contrajo matrimonio dos veces, con la ciudadana francesa Yvette Roberts (madre de sus dos hijos) y con Marcela Temple Seminario. Con esta última estuvo casado durante 37 años. Ella falleció en el 2013. Pérez de Cuéllar ha sufrido dos parálisis faciales y un infarto.

El premio de derechos humanos de la Embajada de Francia en el Perú lleva su nombre y Pérez de Cuéllar continúa siendo el ciudadano preocupado por el futuro del país: en 1996, a sus 96 años y en silla de ruedas, el ilustre embajador fue a sufragar a un colegio de San Isidro; así demostraba su compromiso con la democracia. Feliz cumpleaños, señor embajador.