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Las comunidades vecinas de Langui, Q’ewe y Ch’ecca, de la provincia de Canas, al sur del Cusco, creen profundamente en los beneficios de la batalla. Mejor dicho, que al ofrecer su propia sangre a la tierra, este sacrificio traerá abundancias y prosperidad durante los siguientes doce meses.
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Por ello, cada 20 de enero, por la mañana, se dan cita en el paraje llamado Chiaraje para protagonizar la batalla campal en la que participan los hombres de las tres comunidades. Ellos utilizan huaracas o boleadoras durante el enfrentamiento.
Contrario a lo que muchos lectores creerían, los vecinos de estas comunidades cusqueñas no son enemigos ni se odian entre sí; nada de eso, son buenos vecinos y comparten su vida cotidiana y creencias ancestrales.
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La denominada “batalla del Chiaraje” consiste en hacer retroceder al oponente lo suficiente para tomar posesión de la cima de un cerro de la zona. La comunidad que más terreno ocupe, gana.
La ofrenda en el pago a la tierra se realiza con la sangre derramada de los combatientes.
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Los comuneros participan en el chiaraje para conmemorar a sus ancestros: estos mismos parajes fueron campos de entrenamiento durante la rebelión de José Gabriel Condorcanqui, Túpac Amaru II, en el siglo XVIII. (Texto y fotos: Denis Mayhua Coaquira)
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