• VIERNES 24
  • de abril de 2026

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VALLE, NATURALEZA Y ADRENALINA PARA DISFRUTAR TODO EL AÑO

Lunahuaná: Paraíso de encantos

Texto y fotos: Juan Puelles

El viento silba, rompe el silencio de la luminosa tarde. Al fondo las impetuosas aguas del río Cañete, el favorito para el canotaje, bajan desde las cordilleras bendecidas por el mítico Pariacaca. Llenan de verdor el amplio y fructífero valle de Lunahuaná que antes sedujera a Túpac Yupanqui, el todopoderoso soberano andino y que hoy nos seduce a todos.  

Fin de semana y las ganas de salir de la vorágine citadina están sobre la mesa. La decisión se toma casi sin desavenencias: Lunahuaná es el destino elegido. Algo más de tres horas al sur de la capital peruana, primero hasta San Vicente de Cañete y de allí un desvío al este, por una carretera totalmente asfaltada. El verdor de extensas chacras, nos indica que hemos llegado.

Minutos más y la placita del pueblo, junto con la centenaria iglesia matriz Santiago Apóstol, dan la bienvenida al viajero. La aventura del fin de semana se ha iniciado.


Llegamos a la hora del almuerzo y nos han recomendado una truchita traída de las alturas que aceptamos de buena gana. Viene con papa horneada y su ensaladita de palta. Mientras disfrutamos de su frescura, planificamos lo que será nuestra visita al anexo de Paullo. La historia espera. En la falda de una de sus montañas, emergen los silentes muros de Incahuasi, herencia del incanato, el mayor imperio sudamericano.

La calidez dorada de este sol vespertino baña las pétreas paredes de la ciudadela. Cuentan que la edificación es legado del inca Túpac Yupanqui, que la mandó a  construir para conquistar a los Guarco, la etnia que dominaba este valle. Dicen también que el soberano andino la edificó a semejanza de la ciudad del Cusco, por lo que es de advertir su magnificencia en pleno apogeo.


Al contemplar el complejo arqueológico desde el viejo ushno, uno imagina a la más ilustre nobleza inca pasearse entre las calles, pasadizos, casas y palacios que se reparten en la amplitud del lugar. Comentan que aquella empresa conquistadora, de la que surge Incahuasi, es también responsable del origen etimológico del nombre de Lunahuaná.

Origen del nombre
Los estudiosos dicen que Lunahuaná derivaría de runa, que en quechua significa hombre y wanaq, que, también en quechua, se refiere a la acción de escarmentar y como muchos nombres se arman usando varias palabras, Lunahuaná, en su esencia antigua runa wanaq, significaría: “el que escarmienta a los hombres”. La razón sería el castigo que los señores del Cusco impusieron a los aguerridos Guarco que se resistían a ser conquistados por el imperio. Al final y tras largos enfrentamientos, los Guarco sucumbieron ante el dominio cusqueño. 


En el pueblo, La tarde sabatina avanza y el sol está por descansar. Ya en la ciudad, una visita a la iglesia matriz Santiago Apóstol, patrimonio cultural de la Nación, contacta con el pasado virreinal que legó este templo del siglo XVII. Un detalle curioso es que, a diferencia de la gran mayoría, el frontis no mira a la plaza, la atisba de costado. Respirar la atmósfera del interior es una bendita experiencia. Si quien visita es creyente, lo es por la carga religiosa, y si no lo es, la monumentalidad del recinto es suficiente.

Aventura espirituosa
La neblina del amanecer se disipa rápido y despereza el inicio de este nuevo día. Luego del desayuno la energía queda justa para la aventura que nos espera en el anexo San Jerónimo y su adrenalínica “tirolesa”. ¿Miedo? La experiencia de lanzarse al vacío es casualmente para dominarlo, eso sí, con la debida seguridad.


La adrenalina hay que expulsarla, así que gritar mientras te deslizas por el cable te ayudará a disfrutar la majestuosidad del río Cañete a tus pies. Por cierto, mientras te deslizas, pueda que tengas la oportunidad de ver un grupo haciendo canotaje en un ángulo envidiable. Además, lo que viene luego será la recompensa a tu coraje.

Embriagador paseo
Cuando la vid empezó a cultivarse en Lunahuaná la producción se destinó básicamente a los vinos. Muchos quedaron boquiabiertos cuando de la uvina local se empezó a producir piscos, varios de los cuales hoy han sido galardonados en festivales nacionales e internacionales.

En Lunahuaná se ha establecido una ruta pisquera en la que el viajero accede no solo a los conocimientos básicos del proceso de producción del pisco, sino que en cada bodega participa en la cata de lo que allí se produce. El desfile es generoso y destaca de lejos el pisco puro de uvina por ser un tipo de uva que solo se cultiva en estos rincones, un elixir de dioses. 


Para despedirnos, una delicia de la zona: la poderosa sopa chola de Lunahuaná. Será un delicioso broche de oro para esta visita de dos días que quedaron cortos. Por eso, pronto volveremos. Por cierto, la vendimia está a tiro de piedra, un buen pretexto para regresar.

Razones para visitarlo

Lunahuaná celebra a todo lo grande su tradicional vendimia. Este 2020 la fiesta de la vid será el 27, 28 y 29 de marzo, una buena razón para descubrir este valle generoso del camarón y el pisco, que goza además de una exquisita gastronomía.

El río Cañete es reconocido para el canotaje en sus diversas modalidades, por eso la fama del festival de deportes de aventura, que en Lunahuaná lleva más de 30 ediciones y se realiza entre mayo y junio.

Si dispone de más días, le recomendamos ir aguas arriba del río Cañete y visitar Huancaya, ya en la provincia limeña de Yauyos, centro neurálgico de las visitas a la Reserva Paisajística Nor Yauyos Cochas, un verdadero edén andino.


Cómo llegar

Lunahuaná se ubica aproximadamente a 183 km de Lima. Para llegar hay que ir por la  carretera Panamericana Sur hasta San Vicente de Cañete y tomar el desvío que lo lleva al destino.

Más información:  consulte la oficina de turismo de la Municipalidad de Lunahuaná. Telf. (01) 2841006, anexo 24.

La aventura no estará completa si no vive la experiencia del canotaje. Varias empresas lo ofrecen desde 50 soles.