• MARTES 10
  • de marzo de 2026

Opinión

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Explicaciones

¿Zamacueca?

Sergio Salas

Abogado, Músico criollo

Si hoy le preguntan a los jóvenes cultores por ejemplo qué género musical son esas canciones criollas llamadas “Ven a mi encuentro” o “Qué tiene Miguel” o “Azúcar de Caña”, por ejemplo, muchos dirán: ¡Ah! “Eso es zamacueca”. 

Esto es una enorme confusión generada algunas décadas atrás y que, a mi modo de ver, supone una tergiversación de conceptos y géneros musicales, y hasta de historia, que no deberíamos seguir alimentando.

Antiguamente, la palabra “zamacueca” era el nombre que tenía “la marinera conocida como de Lima”. Ese canto de contrapunto con las reglas de los términos, con sus tres partes más el cierre, eso era la zamacueca. Ello está probado y documentado en diversos trabajos de investigación. En determinado momento a la zamacueca se le comenzó a llamar “Chilena” y es que los chilenos que estuvieron en Lima antes de 1879 aprendieron el género y como era usual en aquellas épocas, viajó hacia el país del sur. Por eso es que si uno escucha una cueca va a sonar tan parecida a una marinera de Lima. Sin embargo, luego de la Guerra del Pacífico el Tunante Abelardo Gamarra propuso cambiar el nombre de “Chilena” (ya para ese momento parece que no se acordaban de su verdadero nombre: Zamacueca) a “Marinera” en honor a la Marina de Guerra del Perú. Por eso desde ese momento a la Zamacueca se le comenzó a llamar Marinera. Pero realmente eran lo mismo.

En algún momento, que todavía no se ha podido identificar cuándo fue, a la marinera se le añadió otro género musical, también de 6/8 llamado Resbalosa, solo que este, a diferencia de la Marinera, era un poco más “corrido” o para que se entienda mejor, de una velocidad más rápida. Además, no tiene una estructura definida como la marinera, ya que se compone de unos versos que generalmente tienen una temática y al finalizar estos se añade unos compases únicamente instrumentales y luego unas fugas que son más cortas que la resbalosa en sí.

Victoria Santa Cruz, digna representante de la mujer peruana y de la cultura afroperuana, dirigía conjuntos de danza. Inclusive es una de las pocas peruanas que puede decir que fueron representando al Perú en las actividades culturales que se organizaron en torno a los juegos Olímpicos de México 68. Conocedora e investigadora de múltiples ritmos de nuestra tierra, con la influencia africana y que sumaron al cancionero no solo criollo, sino y sobre todo peruano. Ella fue la que “inventó” este ritmo, al que le puso de nombre “zamacueca”, y existen registros de audio en dónde la entrevistan y ella lo dice directamente. Ese tipo de canción, que a mi parecer es una resbalosa un poco más cadenciosa, quimbosa y más lenta, para fines de la coreografía que armó en su momento, fue que le puso “zamacueca” en honor, homenaje, tributo al nombre original de la marinera. Pero marinera no es.

El problema es lo que ha venido después. La gente ha creído que este tipo de canción, a la que Victoria le puso zamacueca, es realmente un género peruano tradicional, cuando no lo es. Y sobre ello han seguido creando canciones de ese tipo identificándolas denominándolas zamacuecas, cuando realmente no lo son.

Marinera de Lima = zamacueca. Punto. Las canciones a las que hoy les dicen “zamacuecas” son realmente resbalosas más lentas, pero no zamacuecas. No creo que Victoria haya siquiera pensado qué podía pasar en el futuro luego de que a ella se le ocurriera llamar a su adaptación “zamacueca”, pero sí me preocupa que se haya tergiversado de tal forma que hoy los más jóvenes y el gran público crean que algo es, lo que realmente no es. Y ello porque es fundamental que una persona tenga una identidad con sus raíces, con sus costumbres, con su suelo.

 La música es una herramienta para lograr ello, y el hecho que hoy la nueva generación confunda de tal manera el baile tradicional de una región del país por un inexplicable cambio de nombre es algo que deberíamos evitar que ocurra. Estamos aún a tiempo de hacer esa corrección. Los compositores pueden hacerlo, si investigan un poco más y aceptan lo que la historia ha escrito. De igual manera, los intérpretes debemos investigar un poco más y tener claro los géneros que cantamos, y no solo dejarnos llevar por lo que alguien nos dice. Todo ello es parte de profesionalizar la música criolla.

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