• SÁBADO 2
  • de mayo de 2026

Cultural

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Pepe Villalobos Cavero: Los 90 del “rey de los festejos”


Y a la hora del bitute/ 
La jamancia va a sobrar
(“La comadre Cocoliche”)

Sonrisa a mandíbula batiente y verbo florido, don Pepe Villalobos Cavero se calza hoy los noventa abriles, y espera el punto final al aislamiento social obligatorio para jaranear como Dios manda con los suyos y los ajenos en su peña, allá en el corazón de Lince, donde semanalmente afinaba los gallos con “chinchiví”, cantaba, tocaba, recitaba décimas y contaba anécdotas top secret del criollismo de la Nueva y la Vieja Guardia. 

Gracias al éxito de sus canciones como “La comadre Cocoliche”, “El negrito Chinchiví” y “En el galpón”, lleva el título indiscutible de “El rey de los festejos”, ese género de sabor y herencias rítmicas negras que él domina como una Dalí del sabor, con guitarra, cajón, cajita, quijada de burro y canto elegante.  

Don José Alberto Villalobos ha confesado que se ha embebió de las jaranas criollas “originales”; de aquellas que duraban varios días de la semana, y donde lo importante eran las canciones y las vivencias. 

Verdadero criollo
Para él, un verdadero criollo no debe de limitarse a saber algunos valses, no señor. Un criollo de pura sepa debe de conocer de marineras limeñas, pasosdobles, resbalozas, polcas y panalivios. Ah, y, lección básica, debe de saber de serenatas y festejos.

Ha contado, orgulloso, que le faltan cuatro departamentos para decir que ha tocado y cantado en todo el Perú. Ha visitado también diversos países de América Latina y entre sus pupilos se encuentran, por ejemplo, los integrantes del famoso conjunto chileno Inti Illimani, que le pidieron, allá a mediados de los ochenta, que por favor le enseñe cómo tocar el cajón afroperuano, maestro. 

Sabor e investigación 
Toca cajón y guitarra y si bien le gusta la jarana, subraya que detrás de sus canciones emblemáticas, como la zamacueca “La carimba”, subyace la investigación. Y es lo que exige a los jóvenes creadores. 

El chinchiví, por ejemplo, es una bebida espirituosa del siglo XIX, que llevaba ron –del bueno–, chicha de jora –de no más de 8 días– y azúcar morena. Saca pecho don Pepe y dice que es el único que lo prepara en la actualidad. Por si acaso, solo da un trago de chinchiví de bienvenida, porque es trago serio. 

Y si el galpón, en los tiempos de la Colonia, era el espacio opaco de la hacienda donde se encerraban a los negros esclavos hasta el día siguiente y bajo llave para volver a las jornadas en las plantaciones de azúcar, vid y algodón. Con Pepe Villalobos, el espacio dejó lo lúgubre y se hermoseó: se volvió un espacio alegrar, zapatear, tomar ron, como cuenta su festejo que es crónica, “En el galpón”. 

Breve biografía 
Dio su primer berrido en la cuadra uno del jirón Amazonas, en Barrios Altos, el 8 de abril de 1931. Y fue esta parte de Lima su universidad con sus centros musicales, peñas y locales nocturnos. 

Sus canciones, que son “para bailar con coreografía”, como dice, lo hicieron ganador del Festival de Música Negra de Cañete, al hilo, entre 1975 y 1977; luego lo llevarían de gira por media América Latina, México y Estados Unidos.

El cajón lo aprendió de oído, a los 12 años, de Víctor Arciniegas, “El Gancho”, “el más grande ejecutante del cajón”, quien había visto pasta en el mocoso. 

Eran tiempos en que el valse no se tocaba con percusión. Tres años más tarde, Pepe ya reemplazaba a su mentor en las presentaciones en las radios “Mundial”, “Central” y “Colonial”.

A los 20 años de edad, dejó boquiabiertos a los mismísimos hermanos Augusto y Alejandro Ascuez, por su sapiencia del repertorio de marinera limeña; y ellos apuraron en darle la bendición. 

Así, don Pepe se licenció en las serenatas, los centros musicales, las peñas y demás locales nocturnos. 

Con el Zambo y Avilés
Luego, en los setenta, grabaría junto a ese dúo inmortal que integraron su primo hermano Arturo “Zambo” Cavero y Oscar Avilés, quienes registraron varios de sus canciones como “Mueve tu cucú”, “La carimba”, “El negrito Chinchiví” y “En el galpón”, entre otras. 

Mientras Juan Rebaza –entonces un joven pelucón– tocaba como nadie el bajo para las grabaciones, Villalobos y su desaparecido compadre Fidel Palomino se encargaban de ponerle las percusiones y los coros a las grabaciones de música negra que hacían el dúo inmortal de Avilés-Cavero. Y siempre grababa con su cajón cuadrado, que dice da mejor sonoridad que los populares cajones rectangulares. Y lo conserva como el mejor de sus tesoros.  

Mañana es Jueves Santo; hoy, el santo, es del maestro Villalobos. 

Felices 90, querido don Pepe.