Historia de payasos en cuarentena 2: Pitilla, la herencia del humor blanco
Payasa: “Artista de circo, generalmente caracterizado de modo extravagante, que hace reír con su aspecto, actos, dichos y gestos”, define el Diccionario de la Real Academia Española.
Con Marilú Rest Diche, una artista de tradición en la comedia de las chalupas coloridas, me enseñará que, entre una mujer-payaso y una payasita, hay una diferencia oceánica.
Nieta, hermana y sobrina de payasos, fue casi natural que María Luisa abrazara el espectáculo de la risa como forma de vida. Pero lo más importante, está en disfrutar ser payasa. Eh, ahí, el secreto: disfrutar ser un pagliaccio, como los llaman los italianos a los hombres de caras pintadas y gesto exagerados.
Payasa multifacética
Pitilla es una payasa multifacética. “No soy como la gran mayoría de payasos, que se dedican únicamente a ser payaso. Yo tengo dos profesiones, una técnica y otra, universitaria. Sé conjugar mis tiempos”, dice.
Entre sus “actividades personales” está la de secretaria del Gobierno Regional del Callao desde hace 19 años, guía turística, capitana del Cuerpo General de Bomberos en actividad desde hace 26 años y madre de una jovencita de 18 años. Pero hacer reír tiene un lugar importante en su vida.
Su abuelo Hugo Muñoz, el famoso Pitillo padre, llegó en los años sesenta desde Chile, como llegan y viajan los hombres de su arte: trabajando en un circo. Es el hombre que la recibió en brazos, porque ella nació en casa. Entonces, lo primero que vio Marilú en su vida fue a un payaso. Y, después, creció rodeada de decenas de ellos.
Era una vida bonita, de saltimbanquis o de gitanos, como la llaman. Lo que para otros niños es una excepción, para ella era lo normal. Y bajo los toldos de los circos recorrió todo el país. Pero cada vez que empezaba el año escolar, su mamá le hacía volver a casa y a clases. Los estudios eran un tema serio.
Los Hugo, los Pitillo
Don Hugo, su abuelo, a quien llama cariñosamente papá, es un payaso octogenario que no ha perdido el sentido del humor y continúa maquillándose. Porque ni el humor ni la pasión por lo que uno ama, deberían de oxidarse.
Y Hugo Muñoz también se llama el hijo de su abuelo, tú tío, y es el famoso payaso Pitillo del Circo de la Alegría “Es mi tío, pero es un hermano de crianza, porque nos diferenciamos solo 11 meses”, cuenta la Pitilla.
El llamado de la risa
Marilú sintió la necesidad “casi natural” de ser payasa por razones obvias, como el hijo del policía o del médico, siguen los pasos del cabeza de hogar.
El paso decisivo lo dio cuando su tío, el famoso payaso Pitillo, se enfermó de cáncer. Entonces, su abuelo, Pitillo papá, se quedó sin pareja cómica. Ya Marilú participaba de los espectáculos “de relleno”, como “muñeco”. Y se envalentonó: papá, le dijo a su abuelo, yo lo hago, yo sé todas las rutinas, los sketches. ¿De verdad lo harías?
Fue su oportunidad. Desde ese debut, en una fiesta infantil en el distrito de La Victoria, quedó bautizada como Pitilla. De eso, hace 29 años. Dos años después, vistió de otro traje de rojo, cuando se integró al Cuerpo General del Bomberos Voluntarios del Perú.
Un payaso sin retiro
“Yo quise llamarme Pitilla y mi abuelo feliz porque hasta el día de hoy, él se sigue maquillando y somos pareja cómica. Ahora no estamos trabajando por el tema de la pandemia, pero si hay un show de animación virtual o un saludo virtual, él se maquilla y viste. Él se pone muy feliz porque lo único que sabe es ser payaso”.
Al departamento del “viejo”, llegan muchos payasos de todos lugares de este planeta sediento de risas. Llegan hasta su departamento, en un condominio de la avenida La Paz, en La Perla, Callao, para conversar con él y Pitillo padre comparte su larga experiencia, sus técnicas,
La Pitilla siempre pasa a ver a sus abuelos porque viven solos (tal vez la paradoja de quienes nos hacen reír entre multitudes). En el mismo condominio vive el hermano de Marilú, César, el payaso Cuchito, de mucha gran experiencia, que ha representado al país en Corea, Ecuador, Chile, Colombia. “Cuchito” es un payaso musical que domina ocho instrumentos, pero ahora está en muletas. “Cuando nos reunimos no sabes, lo único que conversamos es solo de circos, de payasos, de comicidad”.
Ser payaso mujer
El machismo borra la risa. En alguna oportunidad, cuando estaba realizando una temporada en el circo de Los Dinosaurios, en la ciudad de Iquitos, Marilú viajó sola para hacer un número de marionetas, pero a uno de los dos payasos varones lo sacaron del elenco y con el otro payaso empezaron a ensayar. Él “marcaba la rutina”, como dicen la jerga del circo, pero Marilú terminaba marcando el trabajo.
¡No puedo contigo!, decía él. ¿Qué quieres que haga?, respondía Marilú: Yo soy payaso, vengo de familia de payasos, no por ser mujeres soy la pincataritas o la que hace el concurso de hacer canciones.
“Yo me desarrollo tal cual un hombre, recibo las cachetadas, que se llaman ‘claves’; se hacer las caídas que nosotros los payasos sabemos fingir; sé impostar la voz y todo eso. Eso es lo que me diferencio. Yo soy mujer-payaso, no soy la payasita, que trae los globitos, que se vistió bonito como payasita, que hace concursos, hace canciones. Yo trabajo mismo varón, pero me identifico como mujer, soy coqueta al maquillarme, al vestirme”, explica.
“Humildemente, aquí, en el Perú, no he visto alguna payaso-mujer musical de circo”, dice. Lo que reconoce es que, últimamente, hay una ornada de animadoras infantiles que se ponen indumentaria de payaso y bueno respeto su trabajo, nada más.
¿Y continuará el legado? Su sobrino, César, de cuatro años, ya es un iniciado en el mundo del circo. No sabe si su hija, que estudia Administración de Empresas, siga el camino. “Quisiera, pero no”.
El año pasado, los organizadores del Campeonato Nacional de Payasos la invitaron a Marilú, cuando terminó le escribieron seis chicas para pedirle consejos porque les interesa este universo de narices rojas y caras pintadas. Marilú siempre conversa con ellas, se wasapean.
“Y les inculco que terminen de convencerse y den los pasos necesarios. Hay muchas chicas animadoras infantiles que se pone la nariz la payasita pero no se desarrollan la comicidad, no puedo calificarlas como mujeres-payasas, pero al público le agrada”. Le pido nombres y me dice que solo ha visto a una de mujer payasa peruana con todas las de la ley, en Trujillo.
En defensa del humor blanco
A las chicas les comenta que lo de la comicidad es una responsabilidad muy delicada, muy amplia, no hay vulgaridad ni doble sentido ni lo sugestivo, me ilustra Marilú.
“Es un humor blanco, para que lo disfrute un niño de 3 años como el padre de familia; que se mantengan conectados. Yo tengo la escuela chilena. Es una responsabilidad. En nuestro caso, nunca nos hemos permitido que nos vean con un cigarrillo no con licor. Ni con esposo, ni marido ni novio. Protegemos mucho eso para que se mantenga limpia la ilusión. No podemos romper esa imagen”.
Ahora, en tiempos de la pandemia, y a pesar de los esfuerzos que se hace para los shows virtuales, no es lo mismo. La verdad, se extraña el público: la pantalla del celular, mirar por un orificio pequeñito, imaginar al público, no es lo mismo. El día que levanten el telón de la pandemia, Pitilla y toda su familia serán felices de volver a recibir los aplausos in situ y escuchar reír a su público. Palabra de payasa profesional.
Datos:
Del 26 al 31 de julio se desarrollará el Festival Internacional de Payasos On Line (FIPON).
Pitilla será una de las participantes junto a representantes de este arte de nuevo países. Dictarán clases maestras, entrevistas, conversatorios, presentaciones artísticas e interacciones con los artistas y más.
Un porcentaje de lo recaudado será para ayudar a la comunidad circense afectada por la emergencia sanitaria por la pandemia del covid-19.
Entrada general: S/100.00. Más información en: eepaescueladepayasos@gmail.com o al teléfono 980-603-279 o al WhatsApp: https://wa.link/w7wi08.